El over es la unidad estructural básica del cricket y organiza el juego de la misma manera que los cuartos o los sets lo hacen en otros deportes. Al final de cada over, los jugadores de campo cambian de posición, el bowler es relevado por otro y el lanzamiento pasa al extremo opuesto del pitch. Este cambio de extremo es lo que da nombre al «over»: los fielders se colocan en el lado contrario al que estaban, literalmente dándole la vuelta al campo. Los bateadores permanecen donde están, de manera que el que no bateó en el over anterior ahora queda frente al bowler entrante.
La gestión de los overs es uno de los aspectos tácticos más sofisticados del cricket. El capitán del equipo en campo decide qué bowler lanza en cada momento, considerando factores como el estado de la pelota, las condiciones atmosféricas, las debilidades del bateador en turno y la necesidad de preservar a los mejores bowlers para etapas clave del juego. En Test cricket no hay límite de overs, por lo que la resistencia física y la capacidad de rotar eficientemente a seis o siete bowlers durante días de juego es fundamental. En T20, con solo 20 overs por equipo, cada lanzamiento tiene una importancia multiplicada.
Los estadísticos del cricket registran meticulosamente los datos por over: la economía (carreras concedidas por over), el número de overs lanzados por un bowler, los maidens, los wickets. Estos datos permiten comparar bowlers de distintas épocas y formatos con relativa objetividad. Un bowler que mantiene una economía de tres carreras por over en Test cricket es considerado excelente; en T20, donde las economías de siete u ocho carreras por over son normales, los mismos datos requieren una escala de valoración completamente diferente.