El pitch es el corazón físico del cricket y uno de los elementos que más diferencia este deporte de cualquier otro. A diferencia de la mayoría de los deportes de equipo, donde la superficie de juego es uniforme y estandarizada, el pitch del cricket varía significativamente de un estadio a otro, de un país a otro e incluso de un día al siguiente dentro del mismo partido. Esta variabilidad es una característica intencional del deporte: las condiciones del pitch son parte del desafío y de la estrategia, no un inconveniente que eliminar.
La composición del suelo del pitch define su comportamiento. Los pitches de India y Sri Lanka, elaborados con arcillas específicas que se secan y se cuartean con el calor, son históricamente los más favorables al spin: en el cuarto y quinto día de un Test, la pelota puede girar dramáticamente desde las grietas, haciendo el bateo casi imposible para quienes no han crecido jugando en esas superficies. Los pitches de Inglaterra y Nueva Zelanda, con mayor contenido de hierba y más humedad, favorecen al seam bowling: la costura de la pelota agarra el suelo y cambia de dirección impredeciblemente al botar.
La preparación del pitch es responsabilidad del curador, un especialista que pasa semanas cuidando la superficie antes de un partido importante. El curador decide cuánto regar, cuándo cortar el césped, cómo tratar las grietas y qué dureza darle al suelo. En los estadios de Test cricket de primer nivel, el curador es una figura respetada y con una influencia enorme en el desarrollo de los partidos, aunque trabaje en la sombra. La Junta de Control del Cricket en India (BCCI) y el ICC supervisan que los pitches cumplan los estándares mínimos para garantizar un equilibrio justo entre batting y bowling.