El run out es la forma más dramática y frecuentemente más espectacular de eliminación en el cricket. Se produce cuando un bateador, mientras intenta sumar una carrera corriendo entre los wickets, no logra llegar a su crease antes de que un fielder derriba el wicket con la pelota. A diferencia de la mayoría de las eliminaciones, el run out no depende del bowler: es el resultado directo de una decisión de correr del bateador, de la velocidad de los fielders y de la precisión del tiro al wicket. Por eso los run outs generan reacciones tan emocionales: combinan el error humano, la rapidez y la precisión en un único instante.
Los fielders y wicketkeepers entrenan el derribo del wicket de forma específica, especialmente en formatos cortos donde los run outs son más frecuentes por la presión que existe de correr todas las carreras posibles. Una parada rápida, una vuelta de muñeca precisa y un tiro directo al wicket desde cualquier posición del campo son habilidades que distinguen a los mejores fielders internacionales. En el cricket moderno, los equipos con fielding de primer nivel pueden conseguir dos o tres run outs por partido en los formatos cortos, lo que representa una ventaja táctica enorme.
El arbitraje del run out es uno de los más dependientes de la tecnología en el cricket actual. El ojo humano no puede determinar con certeza si el bate o el pie del bateador cruzó la línea del crease antes de que los bails cayeran cuando el margen es de milímetros. El tercer árbitro, con acceso a cámaras de alta velocidad y repeticiones desde múltiples ángulos, puede revisar estos casos con una precisión que habría sido imposible hace dos décadas. Muchas partidas históricas han cambiado de rumbo gracias a —o a pesar de— un run out, y la posibilidad de revisión tecnológica ha añadido un nuevo nivel de justicia y, en ocasiones, de tensión narrativa al cricket moderno.