El curling fue durante siglos un deporte casi exclusivamente masculino. Las mujeres practicaban el juego de manera informal y, con frecuencia, en condiciones muy desiguales respecto a sus compañeros. Sin embargo, la determinación de las curlistas pioneras transformó completamente el panorama: hoy el curling femenino es una de las disciplinas más seguidas de los Juegos Olímpicos de Invierno y cuenta con su propio circuito profesional.
El proceso fue largo. Las primeras mujeres que se organizaron en clubs de curling en el siglo XIX tuvieron que reivindicar el derecho a jugar en los mismos pabellones y con las mismas piedras que los hombres. En muchos clubes escoceses y canadienses, las mujeres jugaban en horarios marginales o en instalaciones separadas. A pesar de estos obstáculos, los clubs femeninos crecieron en número durante la primera mitad del siglo XX, especialmente en Canadá, donde el curling era ya un fenómeno cultural de primer orden.
Los primeros campeonatos del mundo
El Campeonato del Mundo Femenino de Curling —conocido oficialmente como Ford World Women’s Curling Championship— se disputó por primera vez en 1979, en Perth (Escocia). La anfitriona Suiza se llevó el título inaugural, aunque Canadá pronto se consolidó como la potencia dominante. El campeonato creció progresivamente en número de participantes y en nivel, convirtiéndose en el escaparate natural del talento femenino mundial.
Durante las décadas de 1980 y 1990, figuras como Dordi Nordby (Noruega) o Kim Gellard (Canadá) popularizaron el deporte y ampliaron su base de aficionados. Pero fue la llegada a los Juegos Olímpicos lo que multiplicó su visibilidad de forma exponencial.
Nagano 1998: el salto olímpico
En Nagano 1998, el curling fue reconocido como deporte olímpico de pleno derecho —hombre y mujeres en la misma edición— lo que supuso un hito histórico para la igualdad en los deportes de invierno. La canadiense Sandra Schmirler, capitana del equipo de Saskatchewan, lideró a Canadá hasta el oro con una actuación impecable. Schmirler se convirtió en un icono del deporte; su muerte prematura en el año 2000, con apenas 36 años, conmocionó a toda la comunidad del curling.
Desde Nagano, la competición olímpica femenina ha crecido en nivel y paridad. Suecia, Gran Bretaña, Japón y Corea del Sur han ganado medallas olímpicas, rompiendo el duopolio histórico de Canadá y los países nórdicos.
La era moderna: paridad y profesionalización
El curling femenino vive hoy su mejor momento. La introducción del mixed doubles como disciplina olímpica en PyeongChang 2018 amplió aún más las oportunidades para las mujeres. Figuras como Jennifer Jones (Canadá), con seis títulos mundiales, o Eve Muirhead (Gran Bretaña), campeona olímpica en Pekín 2022, representan la cima de un deporte que ha alcanzado una difusión global sin precedentes.
El curling femenino ya no necesita reivindicar su lugar en el hielo: lo ocupa por méritos propios.