El concede es una de las tradiciones más singulares del curling y una expresión perfecta de la filosofía deportiva de este juego. En curling, cuando un equipo tiene claro que la diferencia de puntos es irrecuperable, puede conceder la derrota voluntariamente sin necesidad de jugar todos los ends restantes. Esta práctica, lejos de ser una rendición deshonrosa, es vista como un gesto de respeto al rival y de comprensión del juego.
El curling tiene sus raíces en Escocia y Canadá, y ha mantenido a lo largo de los siglos una cultura de fair play y respeto mutuo. El concede forma parte de esa cultura: reconocer la superioridad del rival cuando ya no hay vuelta atrás es considerado un acto deportivo, no una señal de debilidad.
En la práctica, conceder se hace de forma sencilla: el capitán del equipo perdedor se acerca al capitán del equipo ganador y le estrecha la mano, dando por finalizado el partido. Ambos equipos suelen reunirse después para el “bonspieler” o bebida post-partido, otra tradición del curling que fomenta la camaradería entre rivales.
Cómo se calcula si tiene sentido conceder
Los jugadores experimentados hacen cálculos rápidos: ¿cuántos puntos podemos marcar en los ends restantes? Si el marcador está 9-2 y quedan dos ends, el máximo teórico de puntos por end es ocho, pero en la práctica conseguir más de tres o cuatro en un end ya es excepcional. Si el déficit supera lo que se puede recuperar razonablemente, conceder es la decisión lógica.
El concede y el tiempo de juego
En torneos con tiempo limitado, conceder también libera tiempo que puede ser usado por los organizadores para ajustar el calendario. En competiciones con muchas rondas, el concede oportuno puede beneficiar a ambos equipos al reducir el desgaste innecesario.