La historia de la escalada ha estado marcada durante mucho tiempo por figuras masculinas, pero las mujeres han protagonizado algunos de los hitos más grandes del deporte. Desde las pioneras del alpinismo del siglo XIX hasta las dominadoras del circuito olímpico actual, la escalada femenina tiene una historia propia llena de logros extraordinarios.
Las primeras escaladoras
El alpinismo femenino tiene raíces profundas. En el siglo XIX, mujeres como Meta Brevoort y Lucy Walker ascendieron grandes cimas alpinas desafiando las convenciones sociales de la época. A principios del siglo XX, escaladoras como Dorothy Pilley (Gran Bretaña) y Miriam Underhill (EE.UU.) realizaron ascensiones de alta dificultad en los Alpes.
En España, la historia del alpinismo femenino incluye figuras como Chus Lago, primera española en cumbre en el Everest sin suplemento de oxígeno.
Lynn Hill y la liberación de la Nose
El momento más importante de la historia de la escalada femenina, y posiblemente de toda la historia de la escalada, llegó en septiembre de 1993. Lynn Hill, una escaladora californiana de 1,55 metros que en los años 80 había sido una de las mejores escaladoras del mundo en roca, llegó a Yosemite con un objetivo que muchos consideraban imposible: liberar la Nose de El Capitan.
La Nose es la arista del pilar de El Capitan, una vía de 31 largos y más de 900 metros de desnivel. Desde su primera ascensión por Warren Harding en 1958, siempre se había escalado con ayuda artificial en varios pasos clave, en particular en el Gran Techo, un techo horizontal de unos 30 metros que parecía imposible de escalar en libre.
Hill lo logró. En cuatro días de escalada, completó la Nose en libre de principio a fin, algo que ningún hombre ni ninguna mujer había conseguido. Al año siguiente volvió y lo repitió en menos de 24 horas, estableciendo un récord que tardó décadas en igualarse. Su frase al completar la hazaña —“It goes, boys”— es una de las más célebres de la historia del deporte.
La revolución del boulder femenino en los años 2000
Con el desarrollo de la escalada de competición, las mujeres tuvieron desde el principio su propio circuito. Escaladoras como Katie Brown, Muriel Sarkany o Tori Allen dominaron el circuito de la Copa del Mundo en los años 90 y 2000, alcanzando grados y niveles técnicos que hasta entonces eran impensables para la escalada femenina.
Janja Garnbret: la mejor de la historia
Janja Garnbret, nacida en Eslovenia en 2000, es la escaladora más dominante que ha visto el deporte de competición. Desde su primera victoria en la Copa del Mundo en 2015 (con solo 15 años), Garnbret ha reescrito todos los récords de la escalada femenina de competición.
En 2019 logró el resultado más impresionante de la historia del circuito: ganó las cuatro pruebas de la Copa del Mundo de Boulder en la misma temporada, algo que nunca había hecho ningún hombre ni ninguna mujer. Ese mismo año fue el de su primer título mundial. Desde entonces, los éxitos no han hecho sino acumularse.
En Tokio 2020, Garnbret ganó el oro olímpico con una actuación de una contundencia que dejó pocas dudas sobre quién es la mejor del mundo. En París 2024 repitió el oro.
El impacto de las figuras femeninas en el crecimiento del deporte
La visibilidad de Garnbret y de otras escaladoras como Brooke Raboutou, Natalia Grossman o Miho Nonaka ha tenido un impacto enorme en el crecimiento de la escalada femenina. Los rocódromos reportan que la proporción de escaladoras principiantes es hoy mucho mayor que hace dos décadas, y que en muchos centros las mujeres representan ya la mitad de los nuevos socios.