Durante décadas, el esquí de montaña competitivo fue un mosaico de tradiciones locales y circuitos nacionales sin coordinación internacional. Cada país organizaba sus propias competiciones con sus propias reglas, y los atletas que querían competir internacionalmente navegaban por un sistema fragmentado donde no existía una autoridad única. La creación de la ISMF en 2008 cambió esto radicalmente.
Antes de la ISMF: el caos organizado
Antes de la existencia de la ISMF, el esquí de montaña internacional estaba organizado de manera informal. Los principales países con tradición en el deporte (Francia, Italia, España, Suiza, Austria) tenían sus propios circuitos nacionales con reglas propias, y los encuentros internacionales se organizaban caso a caso, con acuerdos entre federaciones nacionales o entre organizadores de carreras.
Esta situación tenía sus virtudes: cada carrera conservaba su carácter y tradición locales, y los atletas disfrutaban de una diversidad de formatos. Pero también tenía limitaciones graves: la homologación de resultados era imposible, no había un ranking internacional reconocido, y la aspiración de llegar a los Juegos Olímpicos era una quimera sin una federación internacional que la respaldara ante el COI.
Los intentos previos a la ISMF
A principios de los años 2000, varias iniciativas intentaron crear una estructura internacional para el skimo. La UIAA (Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo) albergó temporalmente algunas funciones de coordinación del esquí de montaña, pero sin la capacidad de desarrollar un circuito completo.
En paralelo, algunos organizadores europeos crearon en 2002 el Trofeo Mezzalama, una carrera histórica italiana que pasó a ser un punto de referencia internacional aunque todavía sin el marco de una federación propiamente dicha.
La fundación de la ISMF en 2008
La International Ski Mountaineering Federation (ISMF) fue fundada oficialmente en 2008 en Zermatt (Suiza), con la participación de las federaciones nacionales de esquí de montaña de los países con mayor tradición en el deporte: Francia, Italia, Suiza, España, Austria y otros.
Los objetivos fundacionales de la ISMF fueron:
- Unificar las reglas del deporte a nivel internacional
- Organizar un circuito de Copa del Mundo con pruebas homologadas
- Organizar Campeonatos del Mundo reconocidos
- Buscar el reconocimiento olímpico del deporte
La estructura de la ISMF siguió el modelo de otras federaciones internacionales de deportes olímpicos: presidencia elegida por el congreso de miembros, comité técnico para las reglas, comité organizador para las competiciones y representación ante el COI.
La Copa del Mundo ISMF: el circuito global
Con la ISMF establecida, el circuito de Copa del Mundo tomó una forma coherente y reconocida. La Copa del Mundo ISMF se disputa entre noviembre y marzo de cada año, con pruebas en distintos países europeos principalmente (Francia, Italia, Suiza, Austria, España) y en ocasiones también en Asia y América.
Las pruebas de Copa del Mundo incluyen las cuatro modalidades principales: individual, sprint, vertical y relevo. El sistema de puntos acumula resultados a lo largo de la temporada y al final se entrega el Globo de Cristal (similar al de la Copa del Mundo de esquí alpino) al atleta con más puntos en cada modalidad.
El Campeonato del Mundo ISMF
El primer Campeonato del Mundo ISMF reconocido como tal se celebró en 2002 en Andorra, antes de la fundación formal de la ISMF pero bajo la coordinación de las federaciones fundadoras. Desde entonces, el campeonato se celebra cada dos años en los años impares, alternando con el ciclo olímpico.
Las ciudades sede han incluido Andorra, Claut (Italia), La Molina (España), Baqueira-Beret (España), y varias otras estaciones de los Alpes y los Pirineos.
El camino al reconocimiento olímpico
Una vez establecida la ISMF como federación internacional reconocida, el objetivo olímpico se volvió sistemático. La federación presentó su candidatura ante el COI en varias ocasiones y fue acumulando reconocimientos previos: inclusión en los Juegos Mundiales, reconocimiento como deporte del programa del COI, y finalmente la aprobación de la inclusión en los Juegos de Milano-Cortina 2026.
Este camino de décadas refleja la paciencia y la perseverancia que requiere cualquier deporte para entrar en el programa olímpico: no basta con tener atletas de nivel mundial, sino que es necesario construir una estructura institucional que el COI reconozca como comparable a la de otros deportes olímpicos.