En la historia del alpinismo, pocas proezas han generado tanto asombro como lo que Kilian Jornet hizo en el Everest en mayo de 2017. En el plazo de una semana, el atleta catalán subió la montaña más alta del mundo dos veces, sin oxígeno suplementario, en solitario, y con tiempos que dejaron a los expertos sin palabras.
El contexto: el proyecto Summits of My Life
Las ascensiones al Everest fueron parte del proyecto «Summits of My Life», con el que Kilian Jornet se propuso establecer récords de velocidad en las montañas más emblemáticas del planeta: el Mont Blanc, el Cervino, el Denali, el Aconcagua y, como culminación, el Everest.
El enfoque de Jornet era radicalmente diferente al del alpinismo tradicional de velocidad: donde otros atletas usaban oxígeno embotellado, establecían campos intermedios y contaban con equipos de apoyo, Jornet optaba por el minimalismo absoluto. Solo lo imprescindible para sobrevivir y moverse rápido. Sin oxígeno, sin cuerda fija, en solitario o casi.
La primera ascensión: 26 horas desde el campo base avanzado
El 22 de mayo de 2017, Kilian Jornet partió del campo base avanzado del Everest, situado a 6.500 metros de altitud en el lado tibetano de la montaña. Con un único bastón de esquí, sin oxígeno suplementario y sin acuerdo previo con ningún equipo de apoyo en la ruta, comenzó su ascenso.
La ruta que siguió es la Normal del Tibet, la misma por la que asciende la mayoría de los alpinistas. Pero mientras que una expedición normal tarda entre 3 y 7 días en subir desde el campo base avanzado hasta la cima (con varias noches en campos intermedios para aclimatarse), Jornet tardó aproximadamente 26 horas en completar el ascenso completo y regresar.
Llegó a la cima a 8.849 metros el 23 de mayo y descendió de vuelta al campo base avanzado el mismo día.
La segunda ascensión: 17 horas, una semana después
Lo que ya era increíble se volvió casi incomprensible una semana después. El 27 de mayo de 2017, Jornet subió el Everest por segunda vez, de nuevo sin oxígeno suplementario. Esta vez tardó aproximadamente 17 horas de ida y vuelta, estableciendo el que probablemente sea el récord de velocidad en el Everest bajo estos criterios.
Subir el Everest dos veces en una semana, sin oxígeno, es algo que la gran mayoría de alpinistas de élite considerarían imposible para cualquier ser humano. El cuerpo no recupera completamente el gasto fisiológico de una ascensión al Everest en siete días, y la altitud extrema impone un estrés en todos los sistemas del organismo que se acumula con cada exposición.
Las dudas y la controversia
Las ascensiones de Jornet generaron un debate en la comunidad alpinista. Algunos cuestionaron la verificabilidad exacta de los tiempos, ya que Jornet no llevó ningún sistema de registro GPS oficial durante las ascensiones (sí llevaba un reloj Suunto que registraba datos de altitud y tiempo, pero sin la rigurosidad de una marca oficial homologada).
Jornet respondió a estas dudas con transparencia: publicó los datos de su reloj, confirmados por los sherpas que le vieron en distintos puntos de la ruta, y nunca reclamó la marca como un «récord oficial» en el sentido estricto del término. «No subo por los récords sino por vivir la montaña», ha dicho en varias entrevistas.
La mayoría de la comunidad alpinista y deportiva mundial aceptó la realidad de las ascensiones como algo fuera de toda duda. Los datos son simplemente demasiado consistentes y los testimonios demasiado numerosos para cuestionar que lo que Jornet hizo fue real.
El impacto en la percepción humana de los límites
Más allá de los debates técnicos, las ascensiones de Jornet tuvieron un impacto profundo en la percepción de lo que el cuerpo humano puede hacer. Los médicos especializados en altitud extrema recalcularon sus modelos sobre el umbral máximo de rendimiento humano a 8.000 metros y se comenzaron nuevos estudios sobre las características fisiológicas únicas de Jornet.
Uno de los estudios más citados mostró que Jornet tiene una VO2max (capacidad máxima de consumo de oxígeno) extraordinariamente alta y una eficiencia mecánica en el movimiento que reduce el consumo de energía por kilómetro a valores inferiores a los de cualquier atleta medido antes. Estas características no explican completamente su rendimiento en altitud, pero contribuyen a un perfil fisiológico único.
El legado de la proeza
Las ascensiones al Everest de 2017 convirtieron a Kilian Jornet en una figura conocida mucho más allá del mundo del skimo y la carrera de montaña. Sus hazañas en el Everest aparecieron en medios generalistas de todo el mundo, llevando la historia del deporte de montaña a millones de personas que nunca habrían leído sobre un Campeonato del Mundo de skimo.
Para el skimo en particular, el Everest de Jornet fue un catalizador de visibilidad: mucha gente que conoció a Jornet por sus aventuras alpinas terminó interesándose por el esquí de montaña como deporte, contribuyendo al boom del esquí de travesía de los años siguientes.