El slalom gigante, conocido internacionalmente como GS (Giant Slalom), es una de las cinco disciplinas del esquí alpino de competición y la que mejor equilibra velocidad y técnica. Las puertas —banderines naranjas formando arcos de paso— están más separadas entre sí que en el slalom clásico, lo que permite al esquiador trazar arcos de giro más amplios, mantener mayor velocidad y expresar mejor la potencia muscular de las piernas. Esto lo convierte en la disciplina favorita de muchos esquiadores con constitución atlética.
Los esquís de gigante son más largos y rígidos que los de slalom, con un radio de giro mayor que favorece arcos abiertos y veloces. La técnica del gigante exige colocar el cuerpo con precisión antes de cada puerta, cargar el esquí exterior en cada giro y proyectarse hacia adelante para no perder velocidad en la transición entre curvas. Los errores de posición se pagan caro: un centímetro de más hacia atrás en la postura puede hacer perder décimas de segundo que, en una disciplina tan competida, suponen caer varios puestos en la clasificación.
El slalom gigante tiene presencia ininterrumpida en los Juegos Olímpicos de Invierno desde los primeros Juegos en Oslo en 1952. Figuras como Pirmin Zurbriggen, Alberto Tomba, Hermann Maier, Ted Ligety y Mikaela Shiffrin han marcado épocas en esta disciplina. En la actualidad, el gigante es también el terreno natural de esquiadores completos como Marco Odermatt, que combinan dominio técnico con capacidad física para generar velocidad incluso en los tramos más técnicos del recorrido.