Los moguls son una de las características más reconocibles de ciertas pistas de esquí: esas hileras de montículos de nieve que forman un terreno irregular y exigente, propio de zonas con mucho uso o de pistas preparadas específicamente para la competición acrobática. Su nombre proviene del alemán (Mugel, montículo) y es de uso universal en el mundo del esquí, empleado tanto en español como en inglés sin traducción habitual.
En el contexto del esquí recreativo, los moguls aparecen de forma natural en los tramos donde los esquiadores repiten los mismos arcos de giro, acumulando nieve empujada por los cantos de los esquís. Esquiar en moguls naturales es técnicamente muy exigente y requiere una musculatura fuerte de rodillas y caderas para absorber los impactos. Muchos esquiadores los evitan; otros los buscan expresamente como desafío técnico.
Como disciplina deportiva, los moguls forman parte del esquí acrobático (freestyle skiing) y son prueba olímpica desde Albertville 1992. La pista de competición tiene una longitud de unos 250 metros con una inclinación de entre 22 y 28 grados, y los jueces puntúan tres aspectos: la calidad técnica en los baches (50% de la nota), las acrobacias en los dos saltos del recorrido (25%) y la velocidad de descenso (25%). Los mejores mogulistas del mundo, como las dominadoras canadienses o los esquiadores japoneses, combinan una técnica de baches impecable con giros de 720 o 1080 grados en los saltos.