La nieve en polvo, conocida en inglés como powder, es el tipo de nieve más valorado entre los esquiadores de fuera de pista y freeride. Se forma cuando la temperatura es muy baja y la nieve cae sin apenas viento, lo que produce copos grandes y poco compactados. El resultado es una capa de nieve extremadamente ligera donde los esquís se hunden y el esquiador experimenta una sensación de flotación difícil de describir con palabras.
Esquiar en polvo requiere una técnica diferente a la pista preparada. Los pesos se distribuyen más hacia los talones para mantener las puntas de los esquís elevadas, el ritmo de los giros se vuelve más fluido y cadencioso, y la velocidad mínima necesaria para mantener el control es mayor que en pista dura. Los esquíes específicos para polvo son más anchos bajo el pie para aumentar la superficie de flotación.
Una nevada fresca de polvo puede convertirse en nieve apelmazada o helada en pocas horas si el viento sopla o la temperatura sube. Por eso los días de polvo generan verdaderas “fiebre del polvo” entre los esquiadores, que madrugan para llegar primeros a las pistas y disfrutar de la nieve virgen antes de que otros esquiadores la trabajen.