En el esquí alpino, una puerta es la unidad básica que define el trazado de una carrera técnica. Consiste en dos postes flexibles unidos por una bandera: en el slalom se alternan puertas rojas y azules, mientras que en el slalom gigante y el súper-G predominan las puertas naranjas. El esquiador debe pasar con cualquier parte de su cuerpo o equipamiento entre los dos postes para que la puerta se considere superada correctamente.
El número y la disposición de las puertas las fija el jurado de carrera el mismo día de la competición, una vez que los corredores ya están concentrados. Esta restricción garantiza que ningún participante haya practicado el recorrido exacto. Las puertas abiertas se cruzan en ángulo recto respecto a la pendiente, mientras que las puertas cerradas obligan a giros más pronunciados y reducen la velocidad del esquiador.
Saltarse una puerta acarrea la descalificación inmediata (DSQ). Sin embargo, si el esquiador derriba accidentalmente un banderín pero consigue pasar entre los postes, puede continuar sin penalización. Esta norma ha generado situaciones espectaculares en las que los corredores recuperan el control tras golpear una puerta y terminan igualmente la carrera.