El telesilla es uno de los sistemas de transporte más característicos e icónicos de las estaciones de esquí. Se trata de un mecanismo de cable continuo del que cuelgan asientos individuales o múltiples —generalmente de 2 a 6 plazas, aunque hay modelos de 8— que suben a los esquiadores desde la base de una pista hasta la cota superior sin que tengan que quitarse los esquís. Su invención transformó radicalmente el esquí, que hasta entonces exigía grandes esfuerzos de ascenso para disfrutar de unos pocos minutos de descenso.
El primer telesilla de la historia se instaló en Snowfield Valley, Sun Valley (Idaho, EE.UU.) en 1936, inspirado en los sistemas utilizados para cargar plátanos en los barcos. La idea era simple y revolucionaria: adaptar ese sistema continuo de agarre y transporte para que los esquiadores pudieran subir al monte cómodamente. Desde entonces, la tecnología ha evolucionado enormemente: los telesillas modernos son de alta velocidad, con pinzas desenganchables que ralentizan el asiento durante el embarque y desembarque para mayor seguridad y comodidad.
En las estaciones modernas, el telesilla coexiste con otros sistemas de remonte como el telecabina (cabina cerrada), el telesquí (arrastre por varilla) o el funicular. Cada sistema tiene ventajas según las condiciones: el telesilla es más rápido en subir personas pero deja a los pasajeros expuestos al viento y la nieve. En días de ventisca o temperaturas muy bajas, los telecabinas cerrados son preferibles. La red de remontes de una estación grande puede transportar decenas de miles de personas por hora hasta las diferentes cotas de esquí.