El safety car virtual (VSC) fue introducido en la Fórmula 1 en 2015, tras los incidentes que pusieron de manifiesto la necesidad de un sistema de neutralización más ágil que el safety car tradicional pero más efectivo que las simples banderas amarillas. Cuando se activa, todos los pilotos deben reducir su velocidad y respetar un tiempo mínimo en cada sector del circuito, lo que equivale a circular a aproximadamente el 30-40% menos de su ritmo habitual.
La diferencia clave respecto al safety car físico es que el VSC no agrupa a los coches. Cada piloto mantiene su posición en carrera y la distancia relativa a sus rivales permanece prácticamente igual. Esto es importante porque con el safety car convencional los pilotos rezagados se acercan al pelotón, mientras que con el VSC las brechas se conservan. Por ese motivo, el VSC se activa generalmente ante incidentes menores: un coche estacionado en una zona segura, un piloto que camina de vuelta a boxes o pequeños restos en la calzada.
El impacto estratégico del VSC es enorme. Como todos los coches van más despacio, el tiempo que se pierde entrando en boxes es relativamente menor, lo que convierte cada período de VSC en una ventana de pit stop casi gratuita. Los equipos que tienen monitorizadas las diferencias de tiempo con sus rivales pueden calcular si el VSC abre una oportunidad para parar y salir sin perder posición. Esta táctica ha decantado múltiples resultados en los últimos años, especialmente en Grandes Premios donde las ventajas entre coches eran muy ajustadas.