En la historia de la Fórmula E, el récord de victorias tiene un nombre propio: Sam Bird. El piloto británico ha ganado carreras en el campeonato eléctrico con una regularidad y una persistencia que no tiene parangón en la categoría. Desde la primera temporada hasta bien entrado el segundo decenio del campeonato, Bird ha sido capaz de sacar el monoplaza a pista y encontrar el camino hacia la victoria en circunstancias muy distintas, con equipos diferentes y en circuitos de todo el mundo. La marca de haber ganado al menos una carrera en cada una de las diez primeras temporadas del campeonato es su estadística más memorable.
Lo que hace especialmente notable el palmarés de victorias de Bird es que se ha construido con equipos de diferentes niveles de competitividad. No todas sus victorias llegaron cuando tenía el coche más rápido del campeonato: algunas se produjeron con equipos en medio de la parrilla, gracias a decisiones estratégicas brillantes, gestión energética excepcional o simplemente aprovechando las oportunidades que la propia naturaleza impredecible de las carreras urbanas genera. Bird ha demostrado que la velocidad punta no es el único camino hacia la victoria en la Fórmula E.
La contrapartida de este palmarés histórico es la ausencia del título que lo coronaría. Varios campeonatos se han escapado de sus manos en los últimos instantes de la temporada, cuando una penalización, un abandono o un mal resultado en el peor momento posible liquidaron sus opciones. Esta tensión entre la brillantez puntual y la falta del título máximo convierte a Sam Bird en una de las figuras más ricas y complejas de la Fórmula E, un piloto cuya grandeza queda demostrada por las victorias y, paradójicamente, también por los campeonatos que se le han escapado.