El 13 de septiembre de 2014, en el Parque Olímpico de Beijing, la Fórmula E escribió las primeras páginas de su historia. Antes de que rodara la primera vuelta de la primera carrera, ya había un primer récord inscrito en los libros del campeonato: Lucas di Grassi, el piloto brasileño del equipo Audi Sport ABT, había conseguido la primera pole position de la historia de la categoría en la sesión de clasificación disputada horas antes. Era el inicio de lo que sería una de las tradiciones del campeonato: la disputa por la pole en las calles de las ciudades del mundo.
Di Grassi llegó a Beijing con un perfil interesante: había competido en la Fórmula 1 con Virgin Racing en 2010, sin brillantez especial, y había construido desde entonces una sólida carrera en el automovilismo de resistencia con Audi. Su fichaje por el equipo ABT para la primera temporada de la Fórmula E fue una apuesta que resultó completamente acertada. Su conocimiento técnico y su experiencia en la gestión de carreras largas le dieron las herramientas para aprovechar al máximo el nuevo formato eléctrico.
La carrera confirmó que la pole no había sido cuestión de suerte: Di Grassi lideró desde el inicio y cruzó primero la línea de meta, logrando el doblete histórico de ser el primer poleman y el primer ganador en la historia de la Fórmula E. Sin embargo, el campeonato lo acabaría perdiendo ante Sébastien Buemi en la última carrera de la temporada, en un final de infarto que marcó el tono de lo que sería la Fórmula E durante los años siguientes: un campeonato donde ningún resultado está decidido hasta que se agitan las últimas banderas de cuadros.