El blitz es una de las estrategias defensivas más agresivas del fútbol americano. En una defensa estándar, cuatro jugadores (normalmente los linemen defensivos) rusheaban al quarterback mientras los otros siete se reparten en coberturas. En un blitz, la defensa envía jugadores adicionales —linebackers, safeties o incluso cornerbacks— a presionar al quarterback, aumentando la probabilidad de conseguir un sack, una pérdida de yardas o forzar un lanzamiento precipitado y mal dirigido.
La filosofía del blitz es sencilla pero su ejecución es compleja: al llegar más presionadores de los que la línea ofensiva puede bloquear, el quarterback recibe presión en menos tiempo del habitual. Si el QB no procesa la jugada rápidamente, puede ser capturado detrás de la línea de scrimmage (sack) o verse forzado a lanzar el balón antes de que sus receptores hayan completado sus rutas, lo que produce pases incompletos o intercepciones. El blitz también puede desequilibrar psicológicamente a un quarterback joven o inexperto.
Sin embargo, el blitz conlleva un riesgo significativo: cada jugador adicional que se envía a presionar al QB es un jugador menos en cobertura. Si el quarterback identifica el blitz antes del snap —mediante su lectura de la defensa— puede ajustar la jugada (audible) y dirigir rápidamente el balón a un receptor que ha quedado sin marca en el espacio abierto. Los coordinadores ofensivos de élite están siempre preparados con hot routes y screen passes para castigar el blitz mal ejecutado.