El fumble es uno de los dos tipos principales de turnover en el fútbol americano, junto a la intercepción. Se produce cuando el portador del balón —ya sea el quarterback, el running back o un receptor tras atrapar el pase— pierde el control del balón antes de ser declarado down (que su rodilla, codo o cadera toque el suelo). Una vez que el balón está suelto en el campo, cualquier jugador de ambos equipos puede luchar por recuperarlo. El equipo que lo recupere obtiene la posesión.
Los fumbles pueden ocurrir en múltiples situaciones: cuando el portador recibe un golpe violento que le hace soltar el balón, cuando intenta extenderse para ganar más yardas y pierde el control, o cuando el running back y el quarterback no sincronizan bien el intercambio (handoff) y el balón cae al suelo. También hay fumbles forzados, jugadas en que los defensores especializados en strip (despojar del balón) golpean deliberadamente la mano del portador para provocar el desprendimiento.
La protección del balón es una de las habilidades más valoradas en los running backs y receptores. Los entrenadores hacen hincapié en la técnica de «cuatro puntos de contacto»: cubrir la punta del balón con la mano, sujetarlo contra el antebrazo, presionarlo contra el pecho y cubrirlo con el codo. Un jugador que fumblees con frecuencia ve reducido su tiempo en el campo, ya que un fumble puede cambiar completamente el partido: basta con un fumble recuperado en la zona de anotación para anotar un touchdown defensivo.