La intercepción es uno de los turnover más impactantes del fútbol americano. Se produce cuando un defensor —habitualmente un cornerback o un safety de la secundaria— atrapa un pase lanzado por el quarterback rival antes de que la pelota toque el suelo. En ese instante, la posesión del balón cambia de equipo: el defensor que ha interceptado puede correr con el balón hacia la zona de anotación contraria, y si llega se anota un pick-six (6 puntos).
Las intercepciones son uno de los factores que más correlacionan con las victorias en la NFL. Un equipo que consigue varias intercepciones en un partido no solo obtiene posesión del balón en una posición favorable, sino que también corta el ritmo del ataque rival y puede cambiar completamente el marcador. Por eso el número de intercepciones lanzadas (INT) es una de las estadísticas negativas más vigiladas en el rendimiento de un quarterback. Los QBs más eficientes de la historia mantienen tasas de intercepción por debajo del 2% de sus intentos de pase.
Los defensores especializados en intercepciones —llamados «ball hawks» en inglés— tienen la habilidad de leer la mirada y los gestos del quarterback para anticipar la dirección del pase. Los mejores cornerbacks de la historia como Deion Sanders, Charles Woodson o Rod Woodson construyeron su legado en gran parte gracias a su capacidad de provocar y devolver intercepciones, convirtiendo un error ofensivo en puntos inmediatos para su equipo.