El sack es una de las estadísticas más valoradas de los jugadores defensivos en el fútbol americano. Ocurre cuando un defensor llega al quarterback antes de que este pueda deshacerse del balón mediante un pase, una entrega o una carrera fuera de la bolsa de protección. El resultado es un placaje que deja al equipo atacante en una posición peor que al inicio de la jugada, ya que pierde las yardas correspondientes a la distancia entre la línea de scrimmage original y el punto del placaje.
Los especialistas en registrar sacks suelen ser los pass rushers, defensores exteriores (edge rushers o defensive ends) con una combinación de velocidad explosiva, técnica de manos y capacidad de lectura del bloqueo. Movimientos como el swim, el rip o el speed to power son las técnicas más comunes para superar a los tackles ofensivos. La presión sobre el quarterback, aunque no termine en sack, también afecta la precisión y la toma de decisiones del pasador.
Desde el punto de vista estratégico, el blitz es la táctica defensiva que envía a más de cuatro jugadores a presionar al quarterback, aumentando las posibilidades de sack a costa de dejar zonas más vulnerables en la cobertura. El equilibrio entre presión y cobertura es uno de los dilemas tácticos centrales del fútbol americano moderno.