En el fútbol australiano, cada era tiene su jugador definitivo. En los años 1980 fue el turno de Jason Dunstall, Peter Daicos o Mark Bairstow. En los 90, Matthew Lloyd y Paul Kelly marcaron una generación. Pero en los primeros veinte años del siglo XXI, el jugador que se situó por encima de todos, el que fue reconocido como el mejor de su tiempo de forma prácticamente unánime, fue Gary Ablett Jr.
Los comienzos: crecer bajo la sombra de un padre legendario
Gary Ablett Jr. nació el 14 de mayo de 1984 en Drouin, Victoria, hijo de Gary Ablett Sr., uno de los forwards más prolíficos de la historia de la AFL con los Geelong Cats. Crecer siendo el hijo de una leyenda del fútbol australiano podría haber sido una presión aplastante. En cambio, Ablett Jr. utilizó el legado familiar como motivación y fue seleccionado en el draft de 2001 por los propios Geelong Cats, el mismo club donde su padre había hecho historia.
Sus primeras temporadas en la AFL fueron las de un jugador con un talento evidente pero que todavía necesitaba madurar físicamente. Fue a partir de la temporada 2007, cuando los Geelong Cats construyeron uno de los mejores equipos de la historia del deporte, cuando Ablett Jr. comenzó a mostrar su potencial completo.
2007 y 2009: el dominio de los Geelong Cats
Los Geelong Cats de 2007 son considerados uno de los mejores equipos en la historia de la AFL. Con Ablett Jr. como uno de sus líderes, el equipo ganó la premiership de 2007 y después la de 2009. En 2009, el año de su primera Brownlow Medal, Ablett Jr. fue absolutamente dominante: marcó 33 votos de Brownlow (la máxima puntuación hasta ese momento) y fue reconocido universalmente como el mejor jugador de la temporada.
Lo que hacía tan difícil marcar a Ablett Jr. era la combinación de habilidades que poseía: podía jugar de midfielder, de forward o de cualquier posición intermedia con igual eficacia. Era lo suficientemente físico para imponerse en las disputas del centro del campo, lo suficientemente rápido para desmarcarse, lo suficientemente preciso para marcar goles desde distancias largas y lo suficientemente visionario para distribuir el juego hacia sus compañeros mejor posicionados.
El capítulo Gold Coast y la segunda Brownlow Medal
En 2010, los Gold Coast Suns, un equipo recién creado que necesitaba una figura de primer nivel para establecerse en la AFL, ficharon a Gary Ablett Jr. como pieza central de su proyecto. El fichaje fue el más impactante de la AFL en años: la liga vio cómo su mejor jugador abandonaba un equipo campeón para ir a uno que comenzaba desde cero.
En Queensland, lejos del foco de Melbourne y de los Geelong Cats, Ablett Jr. continuó siendo el mejor jugador de la AFL. En 2013 ganó su segunda Brownlow Medal, lo que le convirtió en uno de los pocos jugadores de la historia del deporte en ganar el premio dos veces, una siendo el claro mejor jugador de la competición en ambas ocasiones.
El regreso a Geelong y el final de la carrera
En 2014, Ablett Jr. regresó a los Geelong Cats, que lo readmitieron con los brazos abiertos. Aunque las lesiones comenzaron a limitar su disponibilidad, sus temporadas en Geelong hasta su retirada en 2022 siguieron siendo de un nivel muy superior al promedio de la AFL. En su temporada de despedida, con 38 años, todavía mostró destellos de la calidad que lo había definido durante dos décadas.
Su retirada fue reconocida en todos los estadios de la AFL: en cada estadio al que los Geelong Cats viajaron en las últimas semanas de la temporada de 2022, el público rival se puso de pie para ovacionar a Ablett en su último partido en cada recinto. Es un honor que en la cultura del fútbol australiano se reserva únicamente para los más grandes.
El legado
Gary Ablett Jr. es el estándar con el que se mide a cualquier jugador de la AFL de su generación y de las que han venido después. Sus dos Brownlow Medals, sus dos premierships, sus décadas de dominio consistente y su capacidad de elevar el rendimiento del equipo que le rodeaba lo sitúan en la conversación sobre los mejores jugadores de la historia del fútbol australiano. Para muchos aficionados, no es una conversación: es directamente el mejor.