En la historia del fútbol australiano, hay figuras cuyo impacto en el deporte se mide en generaciones, no en temporadas. Leigh Matthews es una de ellas. Primero como forward implacable de los Hawthorn Hawks en los años 1970 y 1980, y después como entrenador con Hawthorn y los Brisbane Lions, Matthews ha contribuido al deporte australiano durante más de cuatro décadas de una manera que pocos individuos en la historia de cualquier deporte pueden igualar.
El jugador: “Lethal” en el campo
Leigh Matthews nació el 12 de septiembre de 1952 en Bail, Victoria. Fue seleccionado por los Hawthorn Hawks en el draft de 1969 y pasó toda su carrera de jugador en el club. Desde sus primeras temporadas, quedó claro que Matthews era un forward de características excepcionales: más físico que ágil, pero con una inteligencia de juego y una capacidad de lectura del campo que le permitían estar siempre en el lugar correcto en el momento justo.
Matthews marcó 915 goles en su carrera con Hawthorn entre 1969 y 1985, lo que lo convirtió en uno de los máximos goleadores históricos de la AFL. Ganó cuatro premierships como jugador (1971, 1976, 1978 y 1983) y fue elegido cuatro veces en el All-Australian Team. Su apodo, “Lethal Leigh” (Letal Leigh), describía perfectamente su eficacia en el remate: pocos jugadores de su época podían igualar su determinación y su precisión cuando tenía el balón en la zona de ataque.
Las marcas y el estilo de juego
Matthews no era el típico forward de figura esbelta y vuelos espectaculares. Era un jugador más terrenal, más físico, que construía sus goles a base de trabajo, inteligencia posicional y una capacidad notable para imponerse en las disputas cortas cerca del área. Su marca en el punto de gol era especialmente temida: en los partidos disputados, cuando el balón llegaba al forward 50 en los últimos minutos, Matthews era el jugador que más probabilidades tenía de encontrar el espacio para rematar.
En la cultura del fútbol australiano, el nombre de Matthews está asociado también con un episodio que genera debate todavía hoy: en 1981 golpeó a un rival (Neville Bruns, del Geelong) en una jugada que en la era moderna habría supuesto una suspensión larga. En su época, recibió solo una sanción menor, lo que ilustra cómo las normas sobre la conducta en el campo han evolucionado enormemente desde entonces.
El entrenador: dos clubs, cuatro títulos
La segunda vida de Leigh Matthews como entrenador fue igual de brillante que la primera como jugador, lo que lo convierte en una de las pocas personas en la historia del deporte australiano que pueden reclamar la grandeza en ambos roles.
Como entrenador de los Hawthorn Hawks (1986-1990), llevó al club a dos premierships consecutivas (1988 y 1989), convirtiendo a los Hawks en la primera dinastía de la era moderna de la AFL. Su estilo de entrenamiento era exigente y directo, y sus métodos, que hoy podrían parecer anticuados, estaban perfectamente adaptados a la cultura del fútbol australiano de la época.
Después de un período fuera de los banquillos, Matthews regresó como entrenador de los Brisbane Lions (1999-2005). Fue con los Lions donde su legado como entrenador alcanzó su cima: tres premierships consecutivas (2001, 2002 y 2003) que situaron a Brisbane como la primera gran dinastía del fútbol australiano fuera de Victoria. Ese triplete de títulos consecutivos no ha sido igualado por ningún equipo desde entonces.
El legado: elegido en el equipo del siglo
En el año 2000, la AFL celebró el centenario de la VFL/AFL eligiendo el equipo del siglo: los 44 mejores jugadores en la historia del deporte. Leigh Matthews fue uno de los elegidos, reconocimiento que consolida su lugar entre las leyendas absolutas del fútbol australiano. En un deporte con más de 150 años de historia y miles de jugadores, pertenecer al equipo del siglo es el máximo honor individual que se puede recibir.