El penalti es la sanción más severa dentro del juego activo del fútbol. Se concede cuando un jugador comete dentro de su propia área una falta que, de haberse producido fuera, habría dado lugar a un tiro libre directo: mano, entrada peligrosa, empujón, zancadilla o derribo. La probabilidad de que un penalti acabe en gol ronda el 75-80 % en el fútbol profesional, lo que convierte este lanzamiento en un momento de altísima tensión.
La psicología del penalti ha sido objeto de numerosos estudios. Se ha analizado la estrategia de los lanzadores (a un palo, al centro, raso o alto) y la de los porteros (caer antes o después del disparo). Jugadores como Cristiano Ronaldo han desarrollado un estilo muy reconocible con larga carrera de impulso y remate potente, mientras otros como Messi prefieren engañar al portero con disparos más colocados. La tanda de penaltis para desempatar una eliminatoria es considerada uno de los momentos más dramáticos del deporte.
El punto de penalti fue incorporado formalmente al reglamento en 1891. Antes de esa fecha, no existía una sanción específica para las faltas dentro del área. La norma de que el portero debe tener al menos un pie en la línea de gol hasta el disparo fue introducida recientemente para evitar que los guardametas adelantaran en exceso, lo que les daba una ventaja injusta al achicarse al lanzador.