Larisa Semyonovna Latynina nació el 27 de diciembre de 1934 en Jersón, en la entonces república soviética de Ucrania. Es la gymnasta que acumuló más medallas olímpicas en la historia del deporte hasta Michael Phelps, una cifra de 18 medallas que se mantuvo como récord absoluto durante 48 años y que sigue siendo el récord femenino de todos los tiempos.
Jersón y los primeros pasos
Larisa Latynina creció en Jersón, una ciudad de Ucrania marcada por las duras condiciones de la Segunda Guerra Mundial. Su padre murió en combate durante la guerra, y su infancia estuvo marcada por las privaciones que afectaron a toda la generación soviética que vivió el conflicto.
Se interesó por la danza antes que por la gimnasia, y comenzó sus estudios de ballet en Jersón antes de que un entrenador la dirigiera hacia la gimnasia artística. Sus habilidades corporales desarrolladas en el ballet resultaron ser una base extraordinaria para la gimnasia: el sentido del ritmo, la conciencia corporal y la elegancia de movimiento que el ballet desarrolla son cualidades que se transfieren directamente al suelo y a la barra de equilibrio.
La carrera en la élite soviética
Latynina comenzó a competir a nivel nacional a principios de los años 50 y rápidamente se convirtió en una de las principales gymnastic del programa olímpico soviético. La URSS había decidido, con la brutalidad pragmática que caracterizaba sus programas deportivos, que la gimnasia artística era un campo donde podía exhibir la superioridad del sistema soviético ante el mundo, y dedicó recursos y talentos en consecuencia.
Latynina fue la emblema de esa generación dorada de la gimnasia soviética. Su estilo era la encarnación del ideal técnico de la escuela soviética: líneas corporales perfectas, amplitud máxima en cada elemento, expresión serena y controlada. No había en su gimnasia la espontaneidad o el riesgo de las acrobacias extremas, sino la perfección medida y calculada del mejor artesano.
Los tres Juegos Olímpicos: 18 medallas
La carrera olímpica de Larisa Latynina se extendió por tres ediciones de los Juegos, una longevidad extraordinaria para el deporte de la época:
Melbourne 1956: Ganó cuatro medallas de oro (concurso por equipos, concurso completo individual, suelo y salto), una de plata y una de bronce. Era su primer año en la élite olímpica y demostró desde el primer torneo que era una fuerza dominante.
Roma 1960: Añadió cinco medallas más al total, incluyendo el oro en el concurso completo por segunda vez consecutiva. Con 25 años, era una gymnasta madura que combinaba experiencia y capacidades físicas en pleno rendimiento.
Tokio 1964: Con 29 años —una edad avanzada para la gimnasia de la época— disputó su tercera y última olimpiada. Ganó seis medallas más, incluyendo dos de oro (suelo por equipos), completando un total de 18 medallas olímpicas que parecía intocable.
El récord que duró 48 años
Las 18 medallas olímpicas de Larisa Latynina (9 de oro, 5 de plata, 4 de bronce) se convirtieron en el récord de medallas olímpicas individuales de toda la historia de los Juegos. Fue superado en los Juegos de Londres 2012 por el nadador americano Michael Phelps, que en esa edición superó la barrera de las 18 medallas y terminó su carrera con 28 medallas totales (23 de oro).
Durante 48 años, siempre que se hablaba de los atletas más laureados de la historia olímpica, el nombre de Larisa Latynina estaba en la cúspide. El hecho de que su récord fuera superado por un atleta de un deporte tan diferente (la natación tiene muchas más pruebas individuales por edición olímpica que la gimnasia) habla de la excepcionalidad de lo que consiguió.
La vida después de la competición
Larisa Latynina se retiró de la competición en 1966 y comenzó una larga carrera como entrenadora dentro del sistema deportivo soviético. Entrenó a la selección soviética de gimnasia durante los años 70 y fue testigo de cómo el deporte que ella había representado se transformaba radicalmente con la llegada de Olga Korbut y Nadia Comaneci.
En sus entrevistas de madurez, Latynina ha reflexionado con matiz sobre los cambios del deporte: reconoce la espectacularidad y la evolución técnica de la gimnasia moderna, pero no oculta su preferencia por el ideal de elegancia y expresión artística que caracterizó a su generación.
Sigue siendo la gymnasta con más medallas olímpicas en la historia femenina del deporte, un récord que probablemente permanezca mucho tiempo dado el formato actual de la competición olímpica.