Simone Arianne Biles nació el 14 de marzo de 1997 en Columbus, Ohio, y es con absoluta diferencia la gymnasta artística más grande de la historia del deporte. Sus registros estadísticos son abrumadores —más de 30 medallas mundiales, siete títulos olímpicos, cinco elementos nombrados en su honor en el Código de Puntos— pero lo que hace a Biles realmente extraordinaria es la magnitud de la diferencia entre su nivel y el del resto. No es solo la mejor: en muchos aparatos, compite en una categoría distinta.
Los inicios: de Columbus a las clases de gimnasia
Simone Biles tuvo una infancia difícil. Sus padres biológicos luchaban con problemas de adicción y ella y sus hermanos pasaron varios años en el sistema de acogida. A los seis años, fue adoptada por sus abuelos maternos, Ronald y Nellie Biles, quienes le dieron la estabilidad familiar que necesitaba.
La gimnasia llegó casi por accidente: durante una excursión escolar a un gimnasio local cuando tenía seis años, Biles empezó a imitar los movimientos de las gymnastic mayores. Los instructores notaron inmediatamente algo especial y le enviaron una carta a sus padres recomendando que la inscribieran en clases. Fue el comienzo de todo.
La entrenadora Aimee Boorman trabajó con Biles durante los años formativos de su carrera. Boorman reconoció pronto que Biles tenía capacidades físicas fuera de lo común: una combinación de potencia explosiva, velocidad de rotación, conciencia espacial y capacidad para procesar información cinestésica que nunca había visto en una gymnasta en desarrollo.
El debut mundial: 2013
En 2013, con 16 años, Simone Biles debutó en los Campeonatos del Mundo en Amberes. Ganó el oro en el concurso completo individual y en suelo. El mundo de la gimnasia, que aún no la conocía, tuvo que recalibrar sus expectativas de un plumazo.
El debut fue el comienzo de un dominio sin precedentes. Entre 2013 y 2016, Biles ganó el concurso completo en los cuatro Campeonatos del Mundo que se celebraron, una racha de invencibilidad que no tenía equivalente en la historia del deporte. Cualquier gymnasta que quería ser campeona del mundo tenía que esperar a que Biles se jubilara.
Río 2016: la apoteosis
Los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 fueron la confirmación definitiva de que Simone Biles era una atleta de una generación. Ganó cuatro medallas de oro (concurso por equipos, concurso individual completo, suelo y salto de caballo) y una de bronce (barra de equilibrio). Solo la barra equilibrio, el aparato en el que estadísticamente tiene más dificultades, le privó del oro en todos los aparatos.
Sus actuaciones en Río fueron televisadas en todo el mundo y generaron audiencias récord para un deporte que, fuera de los Juegos, raramente alcanza masas. Su ejercicio de suelo —poderoso, carismático y técnicamente perfecto— se convirtió en uno de los vídeos deportivos más compartidos del año.
Tokio 2021: la decisión más valiente
Los Juegos Olímpicos de Tokio 2021, aplazados un año por la pandemia de COVID-19, tendrían que haber sido la coronación de Biles como la gymnasta más laureada de la historia olímpica. Tenía 24 años y llegaba como la gran favorita en todas las categorías.
Lo que ocurrió fue completamente distinto. En la final por equipos, después de ejecutar el primer salto de la rotación, Biles se retiró alegando problemas de salud mental y lo que describió como “twisties”: una disociación entre la mente y el cuerpo en el aire que hace imposible ejecutar con seguridad los elementos de alta dificultad. Para un deporte que castiga con lesiones graves cualquier error en elementos como el doble mortal, los “twisties” son potencialmente peligrosos de vida.
La decisión de Biles de retirarse —algo sin precedentes para una atleta de su nivel en el momento culminante de su carrera— generó una conversación global sobre la salud mental en el deporte de élite. Su valentía al priorizar su bienestar fue aplaudida por millones de personas dentro y fuera del deporte.
París 2024: el regreso y la consagración definitiva
Simone Biles regresó a la competición en 2023 y llegó a los Juegos de París 2024 con 27 años y con el deseo de demostrar que Tokio había sido un paréntesis, no un final. Lo consiguió. Ganó el oro en el concurso por equipos, el oro en el concurso individual completo (su segundo título olímpico individual) y la plata en salto. Con 27 años, volvió a dominar el deporte como si el tiempo no hubiera pasado.
Su legado ya no necesitaba esa confirmación, pero París 2024 fue la última página de un capítulo que la historia recordará como el más extraordinario de la gimnasia artística de todos los tiempos.