Las anillas son el aparato de la gimnasia artística que mejor refleja la fuerza pura del gimnasta. A diferencia de los otros aparatos, donde la técnica y la coordinación pueden compensar hasta cierto punto la falta de potencia muscular, las anillas exigen una capacidad de fuerza en hombros y brazos que no admite atajos: la cruz, el palomar o el apoyo en vertical solo son posibles si el gimnasta tiene la musculatura necesaria para sostener su peso en posiciones estáticamente imposibles. Esta dependencia de la fuerza bruta hace que las anillas sean el aparato donde la preparación física específica tiene más peso relativo.
La dificultad adicional de las anillas respecto a otros aparatos de suspensión, como la barra fija, es la inestabilidad intrínseca de los aros. La barra es fija y rígida; los aros pueden moverse en cualquier dirección, lo que obliga al gimnasta a estabilizarlos activamente durante cada elemento. En los verticales de fuerza, los brazos del gymnasta deben resistir no solo la gravedad sino también la tendencia natural de los aros a abrirse o cerrarse. Esta doble exigencia —fuerza más control dinámico— es la que hace de las anillas un aparato tan exigente y tan admirado por los entendidos.
El ejercicio de anillas de nivel olímpico dura entre cincuenta segundos y un minuto y combina alrededor de diez elementos de dificultad. Los gimnastas especialistas en anillas suelen tener una morfología específica: tórax ancho, hombros potentes y una relación peso-fuerza muy favorable. Arthur Zanetti (Brasil) o Liu Yang (China) son ejemplos de gimnastas que han dominado las anillas en los últimos ciclos olímpicos, demostrando que la combinación de fuerza excepcional con una técnica impecable puede alcanzar el máximo nivel en este aparato singular.