El golf dentro del volcán que destruyó una ciudad
En 1973, el volcán Eldfell entró en erupción en la isla de Heimaey, en el archipiélago de las Islas Vestman, al sur de Islandia. La erupción duró cinco meses, destruyó un tercio de la ciudad de Heimaey y obligó a evacuar a los 5.000 habitantes de la isla. Cuando la actividad volcánica cesó, la lava había creado una nueva forma de terreno: un cráter humeante rodeado de coladas de roca negra que transformaron por completo el paisaje de la isla.
Lo que pocos esperaban es que, décadas después, alguien decidiera construir un campo de golf dentro del cráter volcánico. El campo de Völlur —que simplemente significa “campo” en islandés— tiene varios hoyos situados en el interior y los flancos del Eldfell, con paredes de lava como rough y vistas panorámicas de la costa atlántica. Jugar allí es una experiencia visual única: la roca volcánica negra contrasta con el verde del césped artificial y el azul del océano, con el vapor geotérmico que todavía asciende en algunas zonas del cráter.
El campo tiene categoría de campo oficial de 9 hoyos y acoge torneos regulares. Los visitantes que lo juegan en verano pueden hacerlo con luz natural hasta pasadas las once de la noche, aprovechando los días interminables del verano islandés.
El torneo de medianoche del Ártico
En Tromsø, Noruega, a 350 kilómetros dentro del Círculo Polar Ártico, el sol no se pone entre el 20 de mayo y el 22 de julio. Durante ese período, la luz es constante las 24 horas del día. Para los habitantes de Tromsø, esto es simplemente la realidad del verano ártico. Para los golfistas, es una oportunidad única.
El Midnight Sun Golf Tournament de Tromsø se celebra anualmente en junio, con la ronda principal disputada de medianoche a las cuatro de la mañana bajo la luz solar directa. No hay iluminación artificial: el sol simplemente no se pone. Los participantes juegan con gafas de sol a las dos de la mañana, y la temperatura es de unos 10-15 grados centígrados.
El campo de Tromsø Golf Club, construido entre fiordos y montañas, es en sí mismo uno de los más espectaculares de Europa del Norte. El torneo de medianoche atrae cada año a golfistas de todo el mundo que quieren experimentar la sensación de jugar una ronda completa cuando el resto del planeta duerme.
El campo más largo del mundo: 1.365 kilómetros
Si los campos volcánicos e árticos son curiosos, el Nullarbor Links de Australia directamente desafía cualquier definición convencional de campo de golf. Sus 18 hoyos están distribuidos a lo largo de 1.365 kilómetros de la Eyre Highway, la carretera que atraviesa el desierto de Nullarbor en Australia del Sur y Australia Occidental.
Cada hoyo está situado junto a una gasolinera, motel o pequeña población del desierto. Entre un hoyo y el siguiente puede haber entre 20 y 100 kilómetros de carretera. Para completar los 18 hoyos, los jugadores deben conducir durante dos días a través del outback australiano, parando en cada localización para jugar su hoyo y continuando viaje.
La peculiaridad de cada hoyo refleja el entorno extremo: el green puede estar junto a una bomba de gasolina o en medio de la nada, el rough es espinillo y arbustos del desierto, y entre los peligros documentados está la posibilidad de encontrar un cocodrilo de agua salada en algunas zonas costeras. Con un par de 72, el Nullarbor Links es completamente oficial y sus tarjetas de score son válidas para el handicap de la Golf Australia.
El campo bajo tierra: minería y putting
En las Antípodas de estas extensiones salvajes, el municipio de Llechwedd en el norte de Gales alberga uno de los campos de golf más claustrofóbicos del mundo: un recorrido de putting bajo tierra en las antiguas minas de pizarra de Blaenau Ffestiniog. Las cavernas donde los mineros galeses extrajeron pizarra durante el siglo XIX se han reconvertido en espacio turístico, y una parte del complejo incluye un circuito de minigolf en las mismas galerías subterráneas.
No es el único campo bajo tierra del planeta: en Coober Pedy, Australia del Sur, una ciudad que vive literalmente bajo tierra para escapar del calor extremo, existe un campo de golf sin una sola brizna de hierba —todo es arena del desierto— donde se juega de noche con bolas fluorescentes que brillan bajo linternas portátiles.