En el golf femenino, el nombre de Annika Sörenstam ocupa el mismo pedestal que Jack Nicklaus en el masculino. Su dominio fue total, su técnica impecable y su mentalidad, una referencia para cualquier deportista de élite, independientemente del deporte.
Los inicios en Suecia
Annika Sörenstam nació el 9 de octubre de 1970 en Bro, Suecia. Creció en una familia deportista que también practicaba tenis, esquí y otros deportes, pero el golf fue el que se quedó. Estudió en la Universidad de Arizona con una beca deportiva, donde desarrolló su juego bajo la influencia del golf universitario americano.
En 1992 ganó el campeonato mundial universitario amateur y ese mismo año fue nombrada mejor jugadora amateur del mundo. En 1993 se hizo profesional en el LPGA Tour. Su primer año ya fue revelador: se convirtió en la novata del año. En 1994 ganó su primer major, el US Women’s Open, al que le siguió otro al año siguiente. La máquina estaba en marcha.
Logros y récords
Sörenstam acumula 72 victorias en el LPGA Tour, solo por detrás de Kathy Whitworth. Sus 10 majors —tres US Women’s Open, tres Kraft Nabisco, tres LPGA Championship y un Women’s British Open— la sitúan entre las grandes de todos los tiempos.
En 2003 batió el récord del circuito al completar una vuelta de 59 golpes en el Standard Register Ping, convirtiéndose en la primera mujer en bajar de 60. Ese mismo año aceptó el reto de jugar en el PGA Tour masculino en el Colonial, una hazaña que generó un debate global sobre el golf y el género y que ella afrontó con una serenidad admirable.
Fue número 1 del mundo durante 60 semanas consecutivas entre 2005 y 2006 y encabezó el ranking de forma intermitente durante más de una década. En 2003 ganó 11 torneos en una sola temporada, la cifra más alta desde Mickey Wright en 1963.
Estilo y perfección técnica
Lo que diferenciaba a Sörenstam era su consistencia. Su swing es estudiado todavía en academias de golf de todo el mundo como modelo de eficiencia y repetibilidad. Su capacidad para mantener el nivel durante cuatro vueltas completas, para no tener un hoyo malo en el momento decisivo, era lo que más asombraba a sus rivales.
Era también una competidora implacable. No celebraba con grandes aspavientos, pero tampoco perdía la cabeza cuando las cosas se torcían. Su trabajo con entrenadores físicos y mentales fue pionero en el golf femenino y abrió el camino para que generaciones posteriores vieran el golf como un deporte de alto rendimiento integral.
Impacto y legado
Sörenstam se retiró en 2008 para dedicarse a su familia y a sus negocios, pero su influencia en el golf femenino sigue siendo inmensa. Fundó la Annika Foundation, que trabaja para desarrollar el golf entre los jóvenes, y ha sido embajadora incansable del deporte.
En 2021 fue incluida en el Salón de la Fama del Golf Mundial. Ese mismo año intentó una vuelta al golf profesional, demostrando que su pasión por el juego seguía intacta. Annika Sörenstam no solo fue la mejor golfista de su tiempo: redefinió lo que significaba ser una atleta de élite en el golf.