Greg Norman, El Gran Tiburón Blanco, fue el golfista más dominante del mundo durante gran parte de los años ochenta y noventa. Sus 2 Open Británicos, sus 331 semanas como número 1 del mundo y sus dramáticas derrotas en majors que parecía tener ganados son partes iguales de una de las historias más fascinantes del golf moderno.
De Queensland al top del mundo
Nacido el 10 de febrero de 1955 en Mount Isa, Queensland, Australia, Norman llegó al golf de forma tardía para los estándares actuales: empezó a jugar a los 15 años como caddie de su madre. Pero sus condiciones físicas —altura, fuerza, coordinación— y su mentalidad competitiva lo impulsaron hacia el circuito profesional con una rapidez notable.
Después de consolidarse en Australia comenzó a competir internacionalmente y rápidamente se situó entre los mejores del mundo. Su potencia de golpeo —era uno de los jugadores más largos de la historia hasta ese momento— combinada con un juego corto fino lo convirtieron en el golfista más completo del circuito a mediados de los ochenta.
El número 1 del mundo: 331 semanas
Norman ocupó el puesto de número 1 del ranking mundial de golf durante 331 semanas, una cifra que durante muchos años fue el referente histórico del circuito. Durante gran parte de los años ochenta y hasta bien entrados los noventa, Norman era el golfista al que todos querían superar, la referencia del tour internacional.
Ganó más de 90 torneos en todo el mundo, incluyendo sus 2 Open Británicos, y acumuló victorias en los cinco continentes. Su dominio global fue una de las características que lo distinguió de los golfistas más centrados en el tour americano.
Los dos Open Británicos
Los títulos de Norman en el Open Británico —el major que él consideraba el más especial— llegaron en 1986 en Turnberry y en 1993 en Sandwich. Ambas victorias fueron dominantes y confirmaron que Norman en las condiciones links del golf británico era prácticamente imbatible.
Las derrotas que forjaron la leyenda
Paradójicamente, las derrotas de Norman son tan conocidas como sus victorias. La remontada de Nick Faldo en el Masters de 1996, cuando Norman llegaba a la última ronda con 6 golpes de ventaja y acabó perdiendo por 5, es considerado uno de los episodios más dramáticos de la historia de Augusta y del golf mundial. Norman encajó esa derrota con una dignidad que le granjeó el respeto de todo el mundo del golf.
Su figura sigue siendo una de las más carismáticas y reconocibles que el golf ha producido, y su apodo, El Gran Tiburón Blanco, continúa siendo uno de los más memorables del deporte.