Antes de Tiger Woods existía un estándar: Jack Nicklaus. El hombre de Columbus, Ohio, construyó durante más de dos décadas el mayor palmarés individual de la historia del golf. Sus 18 majors profesionales siguen siendo el récord que todos los grandes golfistas persiguen sin haberlo alcanzado todavía.
Los inicios de un campeón
Jack William Nicklaus nació el 21 de enero de 1940 en Columbus, Ohio. Su padre, Charlie Nicklaus, era farmacéutico y golfista aficionado que inició a su hijo en el deporte con diez años. El talento de Jack fue inmediato y arrollador: con 13 años ya marcaba bajo par con regularidad. A los 19, en 1959, ganó el US Amateur, y lo repitió en 1961. Eran los primeros síntomas de lo que estaba por venir.
En 1962 se hizo profesional. En su primer año como profesional ganó el US Open, derrotando nada menos que a Arnold Palmer en un playoff. El golf mundial tuvo que asimilar la llegada de un fenómeno que compaginaba una potencia de golpe inusual con una frialdad y una inteligencia táctica fuera de serie.
Logros y récords
La carrera de Nicklaus es un catálogo de superlativo tras superlativo. Ganó el Masters seis veces (1963, 1965, 1966, 1972, 1975 y 1986), el US Open cuatro veces, The Open Championship tres veces y el PGA Championship cinco veces. Sus 18 majors representan una ventaja de tres sobre el segundo en la lista histórica.
Su Masters de 1986 es quizás la actuación individual más memorable de la historia del golf. Con 46 años, considerado por muchos ya una figura del pasado, Nicklaus salió a jugar la última vuelta como colíder y firmó un 65 —con un 30 en los últimos nueve hoyos— para ganar su decimoctavo y último major. La imagen de él y su hijo Jackie, que le cargaba la bolsa, abrazándose en el green del 18 es uno de los iconos del deporte del siglo XX.
Además de sus majors, Nicklaus ganó 73 torneos en el PGA Tour y fue elegido Golfista del Siglo por Golf Digest en el año 2000.
Estilo y mentalidad
Nicklaus era un jugador de course management extraordinario. Donde otros atacaban, él calculaba. Su capacidad para gestionar el riesgo en los últimos hoyos de un major lo hacía especialmente peligroso cuando las cosas se ponían difíciles. Tenía una presencia tranquila que desestabilizaba a sus rivales: no hacía aspavientos, no perdía la concentración, simplemente ejecutaba.
Su swing era potente y técnicamente sólido, con una puesta en marcha del palo muy característica por encima de la cabeza. Era uno de los pegadores más largos de su época pese a no tener la complexión atlética que hoy se asocia al golf de élite.
Impacto y legado
Más allá de sus victorias, Nicklaus ha dejado huella como diseñador de campos de golf —con más de 300 proyectos en todo el mundo— y como embajador del deporte. La Copa Ryder Cup, el trofeo que se entrega en ese torneo por equipos entre Europa y Estados Unidos, lleva su nombre desde 2020 en homenaje a su trayectoria.
Su rivalidad con Arnold Palmer durante los años 60 y con Tom Watson en los 70 y 80 generó algunos de los momentos más épicos de la historia del golf. Nicklaus ganó casi siempre que importaba. Y eso, en última instancia, es lo que define a los grandes.