José María Olazábal es la segunda gran historia del golf español. Si Severiano Ballesteros fue el prodigio que abrió las puertas del mundo para el golf ibérico, Olazábal fue el heredero que demostró que el talento no era una rareza sino una tradición. Nacido en Fuenterrabía —hoy Hondarribia— en el País Vasco, ganó dos Masters de Augusta, construyó una de las parejas más legendarias de la Ryder Cup junto a Seve y venció una enfermedad que llegó a amenazar no ya su carrera sino su movilidad cotidiana.
Fuenterrabía y el campo de golf familiar
José María Olazábal nació el 5 de febrero de 1966 en Fuenterrabía, Gipuzkoa. Su familia estaba vinculada al golf de una manera literal: su abuelo era el greenkeeper del campo de golf de la zona y su padre también trabajó en el entorno del juego. Olazábal creció, en el sentido más físico de la expresión, en un campo de golf, y eso marcó para siempre su relación con el deporte.
Desarrolló un talento precoz que lo llevó a convertirse en campeón del mundo amateur antes de hacer la transición al golf profesional a mediados de los años ochenta. Desde sus primeros torneos como profesional quedó claro que Olazábal era una figura de otro nivel: su juego corto era excepcional, su capacidad para sacar la pelota de situaciones difíciles era casi mágica, y su mentalidad competitiva lo hacía muy difícil de batir cuando estaba bien.
La pareja legendaria con Seve
Antes de los Masters, antes de la Ryder Cup como capitán, la historia más hermosa de Olazábal es la que protagonizó junto a Severiano Ballesteros como pareja de dobles en la Ryder Cup. Cuando el equipo europeo empezó a ser competitivo en los años ochenta, Seve y Olazábal se convirtieron en la dupla temida por el equipo americano: once victorias en quince partidos juntos, una complicidad en el campo construida sobre una amistad real y una forma de entender el golf que se complementaba de manera casi perfecta.
Seve era el talento explosivo, el golpe imposible, la genialidad improvisada. Olazábal era la precisión, el juego corto impecable, el control emocional que equilibraba al asturiano. Juntos fueron prácticamente imbatibles. La amistad entre los dos se mantuvo fuera del campo y trascendió el golf: cuando Seve murió en 2011 tras una larga enfermedad, Olazábal fue de los más afectados y lo rindió homenaje en múltiples ocasiones.
El primer Masters de 1994 y la enfermedad
Olazábal ganó su primer Masters de Augusta en 1994. En aquella edición, el español dominó el torneo con una actuación sólida y emocionalmente madura que le permitió acabar con ventaja sobre sus rivales. El triunfo lo situó definitivamente en la primera línea del golf mundial y confirmó que la tradición inaugurada por Ballesteros tenía continuidad.
Pero entre ese primer Masters y el segundo se interpuso uno de los capítulos más duros de la carrera de cualquier deportista. A finales de 1994 y durante 1995 y 1996, Olazábal sufrió una grave artritis reumatoide en los pies que le impidió caminar con normalidad durante meses. En algunos momentos no podía ponerse de pie sin dolor. Los médicos fueron cautos sobre sus posibilidades de volver al golf de élite, e incluso sobre su capacidad de llevar una vida normal sin dolor crónico.
Olazábal pasó meses en silla de ruedas. La rehabilitación fue lenta, dolorosa y exigió una determinación que iba mucho más allá del deporte. Volvió al circuito en 1997 y empezó a recuperar su nivel de manera gradual.
El Milagro del segundo Masters: Augusta 1999
La historia se completó en Augusta, en abril de 1999. Olazábal, que había pasado por el infierno de la enfermedad y la recuperación, ganó su segundo Masters con una actuación que emocionó al mundo del golf. Volver a ponerse la chaqueta verde después de todo lo que había atravesado era un triunfo que trascendía el deporte: era la historia de un hombre que se había negado a rendirse cuando todo parecía perdido.
En el golf, pocas victorias tienen el impacto emocional de ese segundo Masters de Olazábal. La determinación que demostró durante la recuperación quedó reflejada en cada golpe de aquella semana en Augusta.
El Milagro de Medinah: capitán en 2012
El último gran capítulo de Olazábal llegó como capitán del equipo europeo de la Ryder Cup de 2012 en Medinah, Estados Unidos. Europa llegó al domingo final con un déficit de diez a seis puntos —necesitando un resultado histórico para ganar. Lo que sucedió ese domingo es conocido en el golf como el Milagro de Medinah: Europa ganó ocho de los doce partidos individuales y arrebató la Copa al equipo americano por 14,5 a 13,5.
Olazábal dedicó la victoria a Seve Ballesteros, fallecido el año anterior. Fue un momento de una intensidad emocional única en la historia de la Ryder Cup.