José María Olazábal es, junto a Severiano Ballesteros, el golfista español que más Majors ha conquistado. Nacido el 5 de febrero de 1966 en Fuenterrabía (Hondarribia), en el País Vasco, creció rodeado de golf gracias a su padre, greenkeeper del Real Golf Club de San Sebastián. Desde joven mostró un talento sobresaliente que le llevó a convertirse en uno de los jugadores más completos de su generación, especialmente reconocido por su juego corto y su capacidad de rendir bajo presión.
Una carrera construida sobre la precisión
Olazábal se unió al circuito europeo a mediados de los años 80 y pronto se consolidó como uno de los mejores jugadores del mundo. Su habilidad alrededor del green era considerada excepcional, con un juego de hierros y de cuña que pocos han igualado en su época. En 1991 llegó a ser el número uno del mundo en el ránking de puntos de la PGA europea.
Dos Masters de Augusta: 1994 y 1999
El mayor escaparate de su talento fue Augusta National. En 1994, Olazábal ganó su primer Masters de Augusta superando a Tom Lehman en el último día con un juego brillante. Aquella victoria le situó entre los mejores del mundo y pareció el inicio de un dominio prolongado.
Sin embargo, poco después llegaría una crisis que estuvo a punto de truncar su carrera. A mediados de los 90 fue diagnosticado con una grave afección reumática que atacó sus pies y caderas. Durante casi dos años, Olazábal no pudo practicar golf de manera normal, llegando a desplazarse en silla de ruedas en los peores momentos. Muchos creyeron que no volvería a competir al máximo nivel.
Su regreso fue épico. En 1999, con la historia de superación personal a cuestas, Olazábal volvió a Augusta y ganó su segundo Masters, superando a Davis Love III. Fue uno de los momentos más emotivos en la historia del torneo, y la comunidad del golf aplaudió de pie una historia de resiliencia sin igual.
La pareja perfecta con Seve Ballesteros
Olazábal y Seve Ballesteros formaron en la Ryder Cup la pareja más temible de la historia europea del torneo. Entre 1987 y 1993, jugaron juntos 15 partidos en las modalidades de foursome y fourball, ganando 11 y perdiendo solo 2. Su entendimiento dentro del campo era casi telepático, fruto de una amistad profunda que comenzó cuando Olazábal era un juvenil y Seve ya era una estrella mundial.
La muerte de Ballesteros en 2011 marcó profundamente a Olazábal, que ese mismo año fue designado capitán del equipo europeo para la Ryder Cup de 2012.
Medinah 2012: el Milagro
La Ryder Cup de Medinah (Illinois) es probablemente el capítulo más glorioso de la historia reciente del golf europeo y la mayor hazaña de Olazábal como capitán. Después de los dos primeros días, Estados Unidos lideraba por 10 a 6, una ventaja que históricamente nadie había remontado en el último día del torneo.
El domingo, en un ambiente enfervorizado, el equipo europeo salió al campo con una mentalidad transformada. Olazábal, que había dedicado el torneo a la memoria de Seve Ballesteros, transmitió a sus jugadores una calma y una determinación extraordinarias. Europa ganó 8,5 de los 12 puntos del día para alzarse con la victoria por 14,5 a 13,5. Martin Kaymer embocó el putt decisivo. El mundo del golf quedó atónito.
Legado
Olazábal es hoy una referencia moral del golf europeo. Su carrera demuestra que la adversidad no es el final, y su figura en la Ryder Cup —como jugador y como capitán— le sitúa entre los grandes de la historia del torneo. Participa activamente en la fundación Seve Ballesteros y en la promoción del golf juvenil en España.