El 9 de abril de 2017, en el hoyo 18 de Augusta National, Sergio García embocó un birdie en el playoff que ponía fin a casi 20 años de intentos fallidos, segundos puestos y la etiqueta más injusta del golf profesional: la de gran jugador sin un Major. Con 37 años, el castellonense se convertía en campeón del Masters de Augusta y en el tercer español en ganar ese torneo, siguiendo los pasos de Seve Ballesteros y José María Olazábal.
El niño prodigio que llegó demasiado pronto a la cima
Sergio García nació el 9 de enero de 1980 en Borriana (Castellón). Hijo de un profesional de golf, aprendió a jugar desde muy pequeño y se convirtió en profesional con 18 años. En 1999, con solo 19 años, protagonizó uno de los debuts más espectaculares que se recuerdan en un Major.
En el PGA Championship de Medinah, García entró en un duelo directo con el entonces dominante Tiger Woods. Su actuación fue electrizante: en el hoyo 16, lanzó su bola desde detrás de un árbol con los ojos prácticamente cerrados para colocarla cerca del green, una jugada que se transmitió en bucle por las televisiones del mundo entero. García terminó segundo, a un golpe de Woods, pero aquella actuación le convirtió de inmediato en una figura global y en la gran promesa del golf mundial.
Décadas de finales y frustraciones
Lo que siguió a aquel 1999 fue una carrera brillante en términos de victorias en el European Tour y el PGA Tour, pero marcada por la incapacidad de cerrar un Major. García ganó más de 30 torneos en todo el mundo, llegó al top 5 del ránking mundial de manera sostenida y fue una pieza clave del equipo europeo en la Ryder Cup, donde tiene uno de los mejores registros de la historia.
Sin embargo, los Majors se le resistían sistemáticamente. Acumuló actuaciones destacadas en el Open Championship, el US Open y el US PGA, pero el título nunca llegaba. La presión mediática y la frustración personal fueron creciendo con los años, y García llegó a declarar en momentos de bajón que quizás los Majors “no eran para él”.
Augusta 2017: el domingo más largo
En la última ronda del Masters de 2017, García salió con opciones pero no como favorito indiscutible. El torneo estuvo marcado por la mala suerte —en el hoyo 15 de la tercera ronda, su bola rebotó hacia el agua desde el centro del green en una jugada que le costó varios golpes—, pero García mantuvo la calma.
El domingo, jugando junto a Justin Rose —amigo y compatriota de equipo en la Ryder Cup— ambos terminaron con 9 bajo par, lo que forzó un playoff de muerte súbita. En el hoyo extra, García anotó un birdie decisivo mientras Rose fallaba con bogey. El abrazo con su pareja, Angela Akins, y las lágrimas contenidas durante años dijeron todo lo que las palabras no podían.
García recibió la chaqueta verde de manos del campeón defensor Danny Willett y pronunció un discurso emotivo en el que agradeció al golf todo lo que le había dado.
Lo que significó para el golf español
La victoria de García en Augusta no fue solo personal. Confirmó que España tenía una tercera generación de campeones de Major —tras la de Ballesteros y Olazábal— y reforzó el legado del golf español a nivel mundial. García tiene también el récord de participaciones consecutivas en el Masters, habiendo estado presente en Augusta desde su debut en 1999 de manera ininterrumpida, una marca de regularidad y longevidad difícil de igualar. Su carrera sigue activa y continúa siendo uno de los jugadores más reconocibles del circuito mundial.