El sistema disciplinario del hockey sobre patines usa tarjetas de colores para gestionar las infracciones de los jugadores, de forma similar al fútbol pero con características propias. La particularidad más notable es la tarjeta azul, que introduce el concepto de exclusión temporal (el jugador debe abandonar la pista durante un tiempo determinado, dejando a su equipo en inferioridad numérica), un concepto tomado del balonmano y el hockey sobre hielo.
La tarjeta azul es la sanción intermedia más usada. Cuando el árbitro considera que una infracción es grave pero no merece la expulsión definitiva, saca la tarjeta azul y el jugador debe abandonar la pista durante 2 minutos. Durante ese tiempo, el equipo juega con uno menos, lo que da una ventaja clara al equipo contrario para intentar marcar.
Este período de superioridad numérica es uno de los momentos más tácticos del hockey sobre patines. El equipo con ventaja despliega su sistema de ataque con cinco contra cuatro, con pases rápidos y tiros frecuentes para aprovechar la inferioridad rival. El equipo en desventaja organiza una defensa específica para aguantar los 2 minutos sin encajar.
La tarjeta roja y sus consecuencias
La tarjeta roja supone la expulsión definitiva del jugador del partido. El equipo queda con un jugador menos durante un período (normalmente 5 minutos o hasta el final del partido, dependiendo del reglamento) o en algunos casos de forma permanente. Además, el jugador expulsado suele quedar suspendido para el próximo partido de competición.
Las faltas que llevan a tarjeta azul o roja
Las infracciones que llevan a tarjeta azul incluyen: faltas peligrosas, conducta antideportiva, infracciones repetidas después de una advertencia, golpear el palo del rival de forma peligrosa. Las infracciones que llevan a tarjeta roja directa incluyen: agresiones físicas, insultos graves al árbitro, conducta violenta deliberada y cualquier acción que el árbitro considere merecedora de expulsión inmediata.