La pregunta que todo aficionado al automovilismo acaba haciéndose: ¿qué es mejor, IndyCar o Fórmula 1? La respuesta honesta es que son deportes distintos, con filosofías distintas y espectáculos distintos, y que comparar directamente cuál es “mejor” es tan poco productivo como comparar el fútbol con el baloncesto. Pero las diferencias entre ambas categorías son fascinantes y revelan mucho sobre las distintas tradiciones del automovilismo mundial.
La filosofía del coche: spec vs. open
La diferencia más fundamental entre IndyCar y F1 es la filosofía técnica del coche. Fórmula 1 es una categoría de fórmula abierta: cada equipo diseña, construye y desarrolla su propio monoplaza, dentro de unas normas técnicas que definen los límites pero dejan enorme libertad para innovar. El resultado es que los coches de los mejores equipos (Mercedes, Red Bull, Ferrari) son máquinas con cientos de millones de euros invertidos en su desarrollo.
IndyCar es una spec series: todos los equipos usan el mismo chasis (el Dallara IR-18) y solo pueden elegir entre dos proveedores de motor (Honda o Chevrolet). Esto elimina casi por completo la ventaja técnica del coche más desarrollado y pone el peso del resultado sobre la habilidad del piloto, la estrategia del equipo y las diferencias menores de configuración. El resultado es mucho más igualdad en pista y más adelantamientos, pero menos innovación técnica.
Los circuitos: la diferencia más visible
F1 solo corre en circuitos permanentes convencionales y callejeros. IndyCar añade los ovals, que son una categoría completamente aparte de cualquier cosa que exista en el automovilismo europeo. Los ovals aportan velocidades imposibles en F1, el fenómeno del drafting y un tipo de táctica de carrera radicalmente diferente. Para muchos aficionados americanos, el Indy 500 en Indianapolis es directamente incomparable con cualquier Gran Premio de F1.
La igualdad en carrera
Una de las críticas más frecuentes a la F1 es que las carreras son procesiones: el coche que sale en pole suele ganar, el podio lo forman los coches más rápidos del día y las posibilidades de sorpresa son limitadas. IndyCar, gracias a la igualdad técnica del monoplaza y a los ovals, produce habitualmente más adelantamientos y más cambios en el liderato por carrera.
El Indy 500, por ejemplo, suele tener decenas de cambios en el liderato, con estrategias divergentes que dejan el resultado abierto hasta los últimos pit stops. En una carrera de F1 moderna, los cambios de liderato son mucho más escasos.
La audiencia y el modelo de negocio
F1 es una categoría global con presencia en todos los continentes y una audiencia de cientos de millones de personas. IndyCar es principalmente americano: la mayoría de su audiencia está en Estados Unidos y Canadá, aunque tiene seguidores en Brasil (por la tradición de pilotos brasileños en la serie) y en México (por Pato O’Ward). El modelo de negocio de F1 es incomparablemente mayor en términos de ingresos por derechos televisivos, pero IndyCar tiene una base de fans muy fiel y apasionada.
¿Son comparables?
La comparación directa carece de sentido porque las dos categorías no compiten por el mismo espacio. F1 es el máximo exponente del automovilismo tecnológico de alto presupuesto. IndyCar es el máximo exponente del automovilismo oval y de la igualdad técnica. Muchos aficionados apasionados aman ambas por razones distintas y no sienten ninguna contradicción en hacerlo.