El automovilismo tiene muchas disciplinas y muchas categorías, pero ninguna alcanza regularmente las velocidades que los monoplazas de IndyCar consiguen en los superspeedways. Más de 380 kilómetros por hora de velocidad máxima, sostenidos durante tres horas, con 33 coches compitiendo juntos a distancias de metros. Es una experiencia que no tiene equivalente en ninguna otra forma de competición motorizada.
¿Qué hace posible estas velocidades?
Para alcanzar más de 380 km/h, se necesita una combinación de factores que en los ovals de IndyCar se dan de forma única:
Potencia del motor: El V6 biturbo de 2,2 litros en modo de clasificación puede desarrollar hasta 700 caballos de potencia. Esta cifra por sí sola no bastaría, pero combinada con los demás factores produce velocidades extraordinarias.
Configuración aerodinámica de mínima resistencia: En los superspeedways, los equipos configuran el coche con el mínimo downforce compatible con mantener el control en las curvas. Menos downforce significa menos resistencia aerodinámica y más velocidad máxima. Los alerones se inclinan al mínimo permitido por el reglamento, y cada elemento del coche se optimiza para reducir el drag.
El peralte del circuito: Las curvas de los superspeedways tienen un peralte considerable (inclinación hacia el interior de la curva) que permite a los coches tomar las curvas a velocidades muy altas sin necesidad de girar el volante bruscamente. El peralte hace el trabajo que el downforce hace en los circuitos convencionales: mantiene el coche pegado a la pista en la curva.
El efecto del drafting: Como se explica en otro artículo, el rebufo permite a los coches circulares más rápido de lo que lo harían en solitario. En los ovals, el drafting puede añadir 10-15 km/h a la velocidad del coche, lo que contribuye significativamente a las marcas extremas que se registran.
La experiencia del piloto
Circular a 380 km/h durante horas no es solo una hazaña técnica del coche: es una prueba física y mental extrema para el piloto. A esa velocidad, la percepción del espacio y el tiempo cambia radicalmente: los muros parecen estar mucho más cerca de lo que están, cada imprecisión en la trayectoria se magnifica, y el margen para el error se reduce a fracciones de segundo.
Las fuerzas G que experimenta el piloto en las curvas peraltadas de Indianapolis o Pocono pueden superar los 4 G laterales sostenidos, lo que significa que el cuerpo del piloto pesa efectivamente cuatro veces más de lo normal durante toda la curva. Mantener el control muscular del cuello y la cabeza bajo esas fuerzas durante horas requiere un nivel de preparación física específica.
El récord de velocidad en clasificación
El récord de velocidad media en vuelta en el Indianapolis Motor Speedway fue establecido por Arie Luyendyk en 1996 con una media de 237,498 mph (382 km/h) durante la clasificación, en una de las configuraciones más agresivas de baja carga aerodinámica jamás homologadas. Este récord todavía se mantiene y probablemente nunca sea batido, ya que el reglamento posterior fue modificado para reducir las velocidades máximas en clasificación por razones de seguridad.
En carrera, las velocidades medias son algo menores (alrededor de 185 mph o 300 km/h de media) porque los períodos de safety car y los pit stops reducen el promedio, pero los momentos de velocidad máxima en recta siguen superando regularmente los 370 km/h.