El jiu-jitsu brasileño tardó en cruzar el Atlántico hasta España, pero cuando lo hizo, lo hizo para quedarse. Desde sus primeros representantes a finales de los noventa hasta la red de academias afiliadas a las grandes asociaciones mundiales que existe hoy, el BJJ ha recorrido en España un camino de crecimiento constante que lo ha convertido en una de las artes marciales con mayor dinamismo del país.
Los primeros pasos: los años noventa
El BJJ llegó a España de forma casi individual durante los años noventa. Algunos practicantes de judo y artes marciales tradicionales que habían tenido contacto con el arte en Brasil, Estados Unidos o el Reino Unido comenzaron a enseñar lo que sabían en sus clubs. No había academias específicas de BJJ; el arte se practicaba en rincones de dojos de judo o karate, a menudo sin la estructura ni la graduación formal que caracteriza al deporte hoy.
El verdadero punto de partida fue la retransmisión del UFC 1 en 1993 y los primeros UFC, donde Royce Gracie demostró ante el mundo que un arte centrado en el suelo y el control podía dominar a practicantes de casi cualquier disciplina. Aunque las grabaciones de esos combates tardaron en llegar a España, los aficionados a las artes marciales las fueron conociendo progresivamente a lo largo de los años noventa, generando una curiosidad que con el tiempo se convertiría en una demanda real.
Las primeras academias: principios de los 2000
A principios de la década de los 2000, comenzaron a abrirse en España las primeras academias con un programa estructurado de BJJ. Madrid y Barcelona fueron los epicentros naturales, por su concentración de población y por ser las ciudades con mayor número de practicantes de artes marciales de todo tipo.
En esos años, las academias eran todavía pequeñas y la mayoría de los instructores tenían cinturón azul o morado, ya que el acceso a profesores de alta graduación era limitado. Los practicantes avanzados viajaban frecuentemente a Portugal —donde la comunidad BJJ tenía una mayor tradición gracias a la conexión con Brasil— o directamente a academias europeas en el Reino Unido, Países Bajos o Bélgica para completar su formación.
El boom post-MMA: 2008-2015
El periodo entre 2008 y 2015 fue transformador para el BJJ en España. El auge global de las MMA y la consolidación del UFC como producto mediático generaron una oleada de practicantes que querían aprender a pelear en el suelo. El BJJ, como arte de suelo por excelencia, se benefició directamente de ese interés.
En esos años se multiplicaron los clubs y academias, aparecieron los primeros instructores españoles con cinturón negro, y las grandes asociaciones mundiales comenzaron a abrir afiliadas en el país. La llegada de asociaciones como Checkmat, Alliance y varias afiliadas Gracie a España formalizó la conexión del BJJ español con la élite mundial del arte, estableciendo líneas directas de instrucción y graduación con los grandes maestros brasileños.
La competición y la madurez del movimiento
A medida que el número de practicantes crecía, la competición se fue estructurando. Los torneos de la IBJJF comenzaron a incluir a España en su circuito, y los competidores españoles empezaron a aparecer en el European Open —el torneo europeo más importante del calendario IBJJF— con resultados cada vez más sólidos.
El surgimiento de figuras destacadas en la competición de alto nivel ayudó a consolidar la imagen del BJJ español como una escena seria y con nivel internacional. Al mismo tiempo, el grappling sin kimono (no-gi) ganó popularidad, impulsado por competiciones como el ADCC y los torneos de submission wrestling, que tienen un seguimiento creciente en la comunidad española.
Legado y presente
El BJJ en España ha pasado de ser una práctica marginal y casi clandestina a un deporte estructurado con miles de practicantes, decenas de academias afiliadas a asociaciones de primer nivel mundial y una presencia activa en los circuitos internacionales de competición. La comunidad española ha construido en poco más de dos décadas lo que en Brasil o Estados Unidos tardó varias generaciones: una cultura de entrenamiento seria, competitiva y en constante crecimiento.
La influencia del BJJ se extiende también al entrenamiento general de combate: hoy es raro encontrar un gimnasio de boxeo o MMA en cualquier ciudad española que no ofrezca también clases de grappling o BJJ. El arte brasileño ha permeado la cultura marcial española de una forma que hace veinte años habría sido difícil de imaginar.