La historia del jiu-jitsu brasileño comienza a principios del siglo XX, en el cruce entre la tradición marcial japonesa y la sociedad brasileña de una época de emigración y cambio. El camino que llevó del judo de Jigoro Kano al arte marcial que hoy practican millones de personas en todo el mundo es una historia de viajes, adaptación y genio técnico.
Mitsuyo Maeda: el samurái viajero
Mitsuyo Maeda nació en Japón en 1878 y fue uno de los judokas más talentosos de su generación, siendo discípulo directo de Jigoro Kano, el fundador del judo moderno. En 1904, Kano comenzó a enviar a sus mejores alumnos a difundir el judo por el mundo, y Maeda fue uno de los elegidos. Viajó a Europa y América protagonizando desafíos públicos —combates contra representantes de otras artes marciales y luchadores locales— en los que demostró repetidamente la eficacia del grappling japonés sobre disciplinas más conocidas en Occidente.
La llegada a Brasil y la familia Gracie
Maeda llegó a Brasil en 1914 y se estableció finalmente en Belém do Pará, en la región amazónica, donde la comunidad de inmigrantes japoneses era numerosa. Allí conoció a Gastão Gracie, un empresario de origen escocés-brasileño que tenía buenos contactos políticos en la ciudad. Gastão ayudó a Maeda con sus proyectos de asentamiento, y Maeda correspondió ofreciendo enseñar artes marciales a los hijos de su benefactor.
Carlos Gracie: el primer alumno
El mayor de los hijos Gracie, Carlos Gracie, fue el primer miembro de la familia en recibir instrucción de Maeda, a partir de alrededor de 1917. Carlos aprendió con entusiasmo y talento, y cuando Maeda pasó a otras ciudades y actividades, Carlos continuó practicando y desarrollando las técnicas aprendidas. Pronto comenzó a enseñar a sus hermanos y a montar su propia academia en Río de Janeiro.
De Belém a Río: la expansión de la familia Gracie
En la década de 1920, la familia Gracie se trasladó a Río de Janeiro, donde Carlos fundó la primera academia Gracie Jiu-Jitsu. Los hermanos Gracie —Carlos, Oswaldo, Gastão Jr., Jorge y el más joven, Hélio— entrenaban juntos y desarrollaban las técnicas de combate. Para demostrar la efectividad de su sistema, los Gracie lanzaron desafíos públicos a representantes de otras artes marciales, empezando una tradición de vale tudo (todo vale) que marcaría profundamente la historia del arte marcial.
La aportación de Maeda al legado del BJJ
El papel de Maeda en la historia del BJJ es indirecto pero fundamental. No fue él quien creó el jiu-jitsu brasileño, sino los Gracie quienes adaptaron y transformaron sus enseñanzas. Pero sin Maeda no habría habido Carlos Gracie, y sin Carlos no habría habido Hélio, y sin Hélio no habría habido el BJJ tal como lo conocemos. Maeda murió en Belém en 1941, sin conocer el alcance global que tendría el arte que había sembrado en aquella familia de Río de Janeiro décadas antes.