Michael Schumacher nació el 3 de enero de 1969 en Hürth, una pequeña ciudad de la Renania alemana. Su padre Rolf gestionaba el kartódromo de Kerpen-Manheim, lo que significó que Michael creció prácticamente dentro de un circuito de karts. A los 6 años ya conducía con soltura en la pista familiar, y a los 8 empezó a competir de forma regular. El kartódromo fue su patio de juegos, su escuela y su primer escenario de competición, todo a la vez, durante más de una década de su vida.
La vida de los Schumacher no era económicamente fácil. Rolf Schumacher trabajaba con dedicación para mantener el kartódromo funcionando, y patrocinar la carrera deportiva de su hijo requería sacrificios importantes. Fue el propio kartódromo y los contactos que el padre había construido en el mundo del karting alemán los que permitieron a Michael conseguir patrocinadores que financiaran su progresión deportiva. A los 18 años, Schumacher había ganado el Campeonato de Alemania de Karting y había llegado a las últimas rondas de los campeonatos europeos, lo que llamó la atención de los equipos que le dieron el salto hacia las fórmulas.
La transición del karting a las fórmulas fue para Schumacher natural y rápida. La disciplina adquirida en el kartódromo de su padre —miles de horas de práctica, análisis de los datos, ajustes del setup, gestión de la presión competitiva— le convirtió en un profesional completo desde muy joven. Cuando llegó a la Fórmula 1 en 1991 con Jordan, sustituyendo al lesionado Bertrand Gachot en Spa, asombró a todos con su actuación en un circuito que no conocía. La base de esa confianza y esa adaptabilidad se había construido en los kartódromos alemanes durante más de una década.