Antonio Bosio fundó Tony Kart en Viadana, una pequeña ciudad a orillas del Po en la provincia de Mantova, en 1958. Era el momento en que el karting llegaba a Italia desde Estados Unidos y el entusiasmo por el nuevo deporte era palpable en todo el país. Bosio, apasionado por la mecánica y por los vehículos de motor, vio en el karting una oportunidad para crear algo propio y empezó construyendo chasis de forma artesanal en su taller. La calidad de su trabajo se notó desde el principio, y los pilotos que usaban sus karts comenzaron a ganar carreras con una regularidad que no pasó desapercibida.
La empresa creció gradualmente, manteniendo siempre el estándar de calidad como prioridad por encima del volumen de producción. Tony Kart apostó por el desarrollo continuo y por mantener una estrecha relación con los pilotos y equipos que usaban sus productos, recogiendo feedback de carrera y aplicando mejoras constantes al diseño y la fabricación de los chasis. Este ciclo virtuoso —fabricar bien, escuchar a los usuarios, mejorar continuamente— fue construyendo una reputación que se extendió más allá de Italia y convirtió a Tony Kart en una marca de referencia a nivel mundial.
A lo largo de décadas de historia, Tony Kart acumuló títulos mundiales en múltiples categorías de la CIK-FIA y vio cómo algunos de los futuros grandes nombres del automovilismo utilizaban sus chasis en las etapas más formativas de sus carreras. La fábrica de Viadana exporta hoy sus karts a decenas de países y el nombre Tony Kart es sinónimo de calidad y competitividad en el argot del karting internacional. La historia de Antonio Bosio y su empresa es la historia del karting italiano: artesanía, pasión, competencia técnica y la certeza de que los mejores vehículos nacen de personas que aman profundamente lo que hacen.