Las banderas son el lenguaje universal del automovilismo, y el karting no es una excepción. Desde los primeros entrenamientos hasta la última vuelta de la final, los comisarios de pista comunican a los pilotos el estado de la carrera y las condiciones del circuito exclusivamente mediante señales visuales con banderas de colores. Aprender el significado de cada bandera y reaccionar correctamente ante ellas no es solo una obligación reglamentaria: es una habilidad de supervivencia que todo piloto de karting debe dominar desde sus primeras ruedas en un kartódromo.
La bandera más importante desde el punto de vista de la seguridad es la amarilla. Indica que hay peligro en esa sección del circuito y exige que los pilotos reduzcan la velocidad y no adelanten en la zona afectada. Ignorar una bandera amarilla supone una penalización grave porque puede poner en riesgo la vida de los comisarios o de pilotos accidentados que están en pista. En la práctica, los jueces de pista la agitan para llamar la atención de los pilotos que se aproximan, y estos deben levantar el pie del acelerador visible. La bandera roja interrumpe la competición por completo: se usa ante situaciones de emergencia y exige que todos los pilotos paren inmediatamente y regresen al paddock de forma ordenada.
La bandera cuadriculada —el icónico diseño en blanco y negro— indica el final de la sesión o carrera al piloto que la recibe. En karting, el comisario la agita en la meta cuando el primer piloto cruza la línea al completar la última vuelta, y sigue agitándola para todos los siguientes. Ver la bandera cuadriculada es el momento más esperado de cualquier final de karting: significa que la competición ha concluido y que los resultados son definitivos, salvo decisiones posteriores de los comisarios por reclamaciones o penalizaciones.