La seguridad es la primera prioridad en cualquier deporte de motor, y el karting no es excepción. A pesar de ser la categoría de entrada al automovilismo de competición y de incluir a pilotos desde los 5 años en las categorías de iniciación, el reglamento de seguridad del karting es exhaustivo y estrictamente aplicado. El equipamiento del piloto está regulado por la CIK-FIA para garantizar un nivel mínimo de protección en caso de accidente, y los organizadores están obligados a verificar que todos los participantes cumplen con los requisitos antes de que tomen la salida.
El casco es el elemento de seguridad más importante. Debe ser integral —que cubra completamente la cabeza y la cara con visera—, homologado según la normativa vigente y en buen estado. Los cascos con daños visibles, pinturas no homologadas o con fecha de fabricación superior a la permitida son rechazados en la verificación técnica. El cuello o collarín de protección cervical es obligatorio en muchas categorías porque en los impactos laterales o frontales protege las vértebras cervicales de movimientos extremos. El traje de karting debe cubrir todo el cuerpo y, en las categorías de mayor velocidad, ser de material ignífugo o resistente al fuego.
La carrocería del kart tiene también normas específicas que buscan proteger tanto al piloto como a los rivales. Los paragolpes delantero y trasero deben ser de goma o plástico flexible para absorber energía en los impactos sin crear aristas peligrosas. Las dimensiones máximas de la carrocería están fijadas en el reglamento técnico para evitar que algunos pilotos tengan vehículos más anchos o agresivos que otros. Antes de las pruebas importantes, los técnicos oficiales verifican dimensiones, materiales y estado de la carrocería de todos los karts participantes, asegurando que ninguno presenta ventajas irregulares ni riesgos para la seguridad.