La salida en parrilla es el momento de mayor intensidad de cualquier carrera de karting. Después de todos los entrenamientos, las sesiones de clasificación y las mangas previas, todos los pilotos están en la misma línea de partida, a menudo separados por solo centímetros, esperando la señal para acelerar. Lo que ocurre en los primeros 50 metros y en la primera curva puede determinar el resultado de toda la carrera: ganar o perder posiciones en la salida marca la diferencia entre atacar o defender durante toda la prueba.
El procedimiento de salida parada es el más habitual en las carreras de karting de competición. Los karts se colocan en la parrilla en el orden determinado por los resultados anteriores, normalmente en columnas de dos. Los pilotos mantienen los motores en marcha y esperan, con el casco y los guantes puestos y el cinturón ajustado, la señal del semáforo o del comisario. Cuando las luces se apagan o el comisario baja la bandera verde, todos los pilotos aceleran simultáneamente. La reacción —el tiempo entre la señal y el primer movimiento de aceleración del piloto— es un factor diferenciador importante, especialmente para quienes salen en las primeras filas.
La primera curva después de la salida es históricamente el punto de más contacto y accidentes en el karting. Con todos los karts acelerados y convergiendo hacia el mismo punto, el espacio disponible es insuficiente para todos y los roces son inevitables. Los pilotos más experimentados aprenden a posicionarse antes de la frenada para defender su trazada y evitar ser tocados por detrás, mientras que los que salen más atrás buscan el espacio para adelantar sin riesgo. Dominar la salida y la primera vuelta es uno de los aspectos que más separa a los pilotos formados de los que empiezan en la competición.