El kickboxing llegó a España de la misma manera que a la mayor parte de Europa: por imitación de los modelos japoneses y americanos, importado por karatekas que buscaban un formato de combate con más contacto real, y acelerado por el impacto televisivo del K-1 en los años 90.
Los primeros pasos en los años 80
Los orígenes del kickboxing en España están ligados, inevitablemente, al karate. Durante los años 70 y 80, el karate era el arte marcial de mayor implantación en el país, con miles de federados y una red extensa de gimnasios. Cuando el contacto pleno comenzó a imponerse como tendencia internacional, varios entrenadores y karatekas españoles empezaron a explorar el formato del kickboxing, adoptando los guantes, el ring y las reglas del combate occidental.
Los primeros gimnasios específicamente orientados al kickboxing surgieron en las grandes ciudades durante la segunda mitad de los 80. Madrid y Barcelona, como centros urbanos con mayor acceso a tendencias internacionales, fueron los primeros focos. Pero también Canarias —por su tradicional conexión con el boxeo y los deportes de combate— jugó un papel relevante en los primeros años del kickboxing español.
Los intercambios con Francia, donde el kickboxing tenía una tradición más asentada, fueron fundamentales: varios luchadores y entrenadores españoles se formaron en clubes franceses, y los torneos binacionales empezaron a crear los primeros circuitos competitivos.
El impacto del K-1 y los años 90
El verdadero despegue del kickboxing en España llegó con el K-1 en los años 90. Las emisiones del K-1 World Grand Prix en canales de televisión de pago y más tarde en cadenas generalistas llevaron el kickboxing a los salones de millones de hogares españoles. Las actuaciones de Ernesto Hoost, Peter Aerts y Mirko Cro Cop convirtieron el deporte en un espectáculo accesible y atractivo.
Esta visibilidad televisiva tuvo un efecto directo en la matrícula de los gimnasios: una generación de jóvenes quiso probar un deporte que había visto en televisión. Los clubes crecieron, los campeonatos autonómicos y nacionales ganaron participantes y el kickboxing consolidó su posición como uno de los deportes de combate más practicados del país.
La Federación Española
La organización institucional del kickboxing en España fue progresiva. La Federación Española de Kickboxing y Muay Thai (FEKM) aglutinó a las distintas asociaciones que habían surgido de forma más o menos independiente y estableció un sistema unificado de competición, categorías y titulaciones de árbitros y entrenadores.
La FEKM organiza los campeonatos de España en todas las modalidades (full contact, low kick, semi contact, light contact) y coordina la participación de los equipos nacionales en los campeonatos de Europa y del mundo de la WAKO.
La España de los campeones
En las modalidades de semi contact y light contact, España ha tenido una representación internacional muy digna. Los campeonatos de Europa y del mundo de la WAKO han visto regularmente a luchadores españoles en las fases finales y en lo más alto del podio en varias categorías de peso.
En el kickboxing de contacto pleno (full contact, low kick), la presencia española ha sido más discreta, reflejando la hegemonía histórica de los países con mayor tradición: Países Bajos, Francia, Alemania y los países del este de Europa. Sin embargo, en años recientes, el nivel técnico de los competidores españoles ha mejorado significativamente.
El auge del kickboxing fitness en España
Más allá de la competición, el mayor fenómeno del kickboxing en España ha sido su adopción como actividad de fitness. A partir de los años 2000, las grandes cadenas de gimnasios empezaron a incluir clases de cardio kickboxing en sus horarios, con una respuesta masiva del público.
Hoy, el kickboxing fitness es una de las clases más concurridas en los gimnasios de todo el país: de Madrid a Barcelona, de Valencia a Bilbao, cada semana miles de personas practican los movimientos del kickboxing —puños, patadas, combinaciones— en un entorno de grupo, con música y sin contacto, como una de las formas más eficaces y motivadoras de hacer ejercicio.