El 12 de febrero de 2013 es una fecha que los aficionados a la lucha no olvidarán fácilmente. Ese día, el Comité Ejecutivo del COI reunido en Lausana decidió recomendar la eliminación de la lucha del programa de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Un deporte que había estado en los Juegos desde 1896, y en los Juegos de la Antigüedad desde el siglo VII a.C., estaba a punto de ser borrado del mayor evento deportivo del mundo.
El shock del anuncio
La noticia llegó como un rayo. La lucha no era un deporte problemático en términos de dopaje, no tenía escándalos de corrupción de árbitros recientes de envergadura mediática, y era practicada en más de 150 países. ¿Cómo era posible que el COI considerara eliminarla?
La respuesta estaba en los criterios que el COI utiliza para evaluar los deportes del programa olímpico. Más allá de la historia y la universalidad, el COI valora cada vez más el atractivo televisivo, la popularidad entre el público joven y la relevancia en los mercados clave (especialmente el norteamericano, el europeo occidental y el asiático). En estos parámetros, la lucha flaquea.
Las audiencias televisivas de la lucha en Occidente son modestas. El deporte no tiene estrellas mediáticas globales reconocibles por el gran público. El sistema de puntuación es complejo y difícil de seguir para el espectador ocasional. Y la lucha compite con otros deportes de combate —especialmente el judo y el taekwondo— que tienen mayor visibilidad mediática global.
La reacción mundial: la lucha lucha por su vida
La respuesta de la comunidad luchística mundial fue inmediata y contundente. Aleksandr Karelin, el imbatible campeón soviético-ruso que es el luchador más famoso de la historia, alzó la voz públicamente. Las federaciones nacionales de Rusia, Irán, Turquía, Georgia, Azerbaiyán y docenas de otros países enviaron cartas al COI. Los campeones olímpicos aparecieron en los medios de comunicación de sus países defendiendo el deporte.
La campaña “Save Olympic Wrestling” (Salvad la lucha olímpica) recogió millones de firmas en pocas semanas. Políticos de varios países con gran tradición en la lucha presionaron a sus gobiernos para que intervinieran en las negociaciones con el COI. En Irán, el presidente de la república hizo declaraciones públicas sobre el tema. En Rusia, la cuestión llegó a los niveles más altos del gobierno.
El plan de reformas
La FILA (Federación Internacional de Luchas Asociadas) entendió que la supervivencia del deporte dependía de demostrar al COI que podía y quería cambiar. Bajo la presión de la crisis, la federación elaboró un plan de reformas de gran alcance:
El sistema de puntuación se simplificó para hacerlo más comprensible. Los combates se acortaron y se introdujeron mecanismos para estimular la acción continua. El par terre forzado por pasividad se reforzó para reducir los momentos de combate estático. Se crearon nuevas herramientas digitales y de comunicación. Y se comprometió a mejorar la gobernanza de la institución.
La decisión de septiembre de 2013
En la Sesión del COI en Buenos Aires el 8 de septiembre de 2013 —la misma en que se decidió que Tokio sería sede de los Juegos de 2020—, la lucha ganó la votación para ser incluida en el programa olímpico frente a otras dos candidaturas: béisbol/softbol y squash.
La votación, que se hizo en rondas eliminatorias, fue reñida. En la primera ronda, la lucha no fue la más votada. Pero en las rondas sucesivas, la amplitud de su base de apoyo (más de 150 países) y las reformas prometidas inclinaron la balanza.
El legado: un deporte renovado
La crisis de 2013 fue traumática para la comunidad luchística, pero tuvo efectos positivos a largo plazo. Obligó al deporte a mirarse en el espejo y reconocer que su comunicación, su presentación y su adaptación al mundo moderno eran insuficientes.
La FILA se rebautizó como United World Wrestling en 2014, con un nuevo logo, nueva imagen corporativa y una estrategia de comunicación más agresiva. Las reformas reglamentarias se implementaron y los combates actuales son, en general, más dinámicos que los de hace diez años.
La historia es un recordatorio de que incluso los deportes más antiguos y con más historia deben adaptarse constantemente a los tiempos para sobrevivir en el ecosistema del deporte moderno.