Si hubiera que nombrar al mejor luchador de la historia —no solo de la lucha grecorromana, sino de cualquier estilo y cualquier época—, el nombre de Aleksandr Aleksandrovich Karelin encabezaría cualquier lista. El gigante siberiano que dominó la categoría de más de 130 kg durante trece años sin una sola derrota internacional es, simplemente, una de las figuras más extraordinarias en la historia del deporte olímpico.
Los primeros años: el gigante de Novosibirsk
Karelin nació el 19 de septiembre de 1967 en Novosibirsk, la gran ciudad de Siberia occidental. De niño era, según sus propias palabras, un chico tímido y poco sociable que encontró en la lucha una forma de expresarse físicamente. Se inscribió en un club de lucha a los 13 años y comenzó a progresar con una rapidez inusual.
A los 20 años ya era campeón de la Unión Soviética. A los 21, en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, ganó su primer oro olímpico en la categoría de más de 100 kg (la categoría máxima de la época). Y así comenzó una racha que duraría hasta el año 2000.
El físico excepcional
Karelin medía 1,91 metros y pesaba alrededor de 130 kilos, pero lo que hacía de él un fenómeno no era solo el tamaño. Era la combinación de ese tamaño con una agilidad, una flexibilidad y una velocidad de reacción propias de un luchador de categorías inferiores.
Sus rivales describían la experiencia de luchar contra Karelin como intentar moverse dentro de un bloque de cemento que se fuera adaptando a cada uno de sus movimientos. Su fuerza en el agarre era legendaria: nadie conseguía soltarse de él una vez que lo sujetaba. Y su técnica de suplex —especialmente el reverse body lift o “volteo invertido”, una variante rarísima que él aplicaba con una regularidad asombrosa— era prácticamente imposible de defender para sus rivales.
Los 13 años sin perder
Entre 1987 y 2000, Karelin no perdió un solo combate internacional. Durante ese período ganó:
- 3 oros olímpicos (Seúl 1988, Barcelona 1992, Atlanta 1996)
- 9 títulos mundiales (1989, 1990, 1991, 1992, 1993, 1994, 1995, 1997, 1999)
- 6 títulos europeos consecutivos
Y no solo ganaba: dominaba a sus rivales con una superioridad que a menudo resultaba aplastante. Muchos de sus combates terminaban por touché o por ventaja técnica antes del tiempo. El suspense en sus combates no era si ganaría, sino cuánto tardaría en hacerlo.
Esta racha lo convirtió en el ídolo nacional de Rusia, en una figura política respetada (fue diputado en la Duma, el parlamento ruso) y en el símbolo de una época dorada de la lucha soviética y rusa.
Sídney 2000: la derrota que conmocionó al mundo
Los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 eran, en teoría, la coronación definitiva de Karelin: un cuarto oro olímpico que lo convertiría en el luchador más laureado olímpicamente de la historia. Llegó a la final con 33 años, veterano pero en apariencia en plenas condiciones.
Su rival en la final era el estadounidense Rulon Gardner, un luchador discreto que había obtenido su clasificación olímpica de manera modesta y que nunca antes había vencido a Karelin ni había llegado a ninguna final de competición importante. Las apuestas lo daban como un rival completamente asequible.
Lo que ocurrió en ese combate es una de las mayores sorpresas de la historia olímpica. Gardner resistió durante todo el primer período sin ceder ningún punto y consiguió que Karelin, en un momento de reajuste de agarre, soltara las manos. En el reglamento de la época, soltar el agarre costaba un punto. Gardner ganó 1-0.
Karelin perdió por primera vez en 13 años. En la pista, Gardner se tumbó en el tapiz y lloró durante varios minutos, incapaz de procesar lo que había ocurrido. Y Karelin, con una dignidad que era coherente con toda su carrera, aceptó la derrota con serenidad.
El legado
Después de Sídney, Karelin se retiró de la lucha activa. Su legado en el deporte es incuestionable: nadie en la historia de la lucha olímpica ha dominado su disciplina durante tanto tiempo con tanta superioridad. Sus técnicas fueron estudiadas, copiadas e intentadas por generaciones de luchadores, aunque ninguno ha reproducido su dominio.
En Rusia, Karelin es una figura histórica y cultural que trasciende el deporte. En el mundo de la lucha, es simplemente la referencia absoluta: la vara con la que se mide a todos los demás.