La lucha grecorromana rusa tiene una cantera tan profunda y una tradición tan larga que producir un doble campeón olímpico como Roman Vlasov es, dentro de ese sistema, casi lo esperado. Pero reducir a Vlasov a “un producto más del sistema ruso” sería injusto: su doblete olímpico en Londres 2012 y Río 2016 es una hazaña que solo unos pocos luchadores en la historia han conseguido.
La formación en el sistema ruso
Roman Vlasov nació el 11 de agosto de 1990 en Novosibirsk, la misma ciudad siberiana que dio al mundo a Aleksandr Karelin. Aunque los paralelismos con Karelin son inevitables para cualquier luchador novosibirskense, Vlasov construyó su propio camino en una categoría de peso completamente diferente: los 74/75 kg, las categorías medias donde el deporte combina fuerza, velocidad y técnica en proporciones distintas a las de los superpesados.
El sistema de formación de Novosibirsk tiene una historia larga en la producción de luchadores de élite. La ciudad dispone de instalaciones especializadas, entrenadores con décadas de experiencia y una cultura deportiva que da valor a la lucha como disciplina formativa. Vlasov se benefició de ese entorno desde la infancia y progresó con rapidez en el circuito nacional ruso, que es en sí mismo uno de los más exigentes del mundo.
Londres 2012: el primer oro
Con apenas 21 años, Roman Vlasov llegó a los Juegos Olímpicos de Londres 2012 como un luchador joven con título mundial en el bolsillo pero sin la certeza de que podría imponerse a los veteranos del circuito internacional. Lo que hizo en el Wembley Arena —sede de la lucha en aquellos Juegos— sorprendió a muchos: ganó el torneo de 74 kg con una madurez táctica y una solidez técnica que no correspondían a su edad.
El primer oro olímpico a los 21 años lo situó en el radar de todos los analistas como el sucesor natural de la tradición rusa en lucha grecorromana, en una categoría donde el país había producido campeones con regularidad durante décadas.
Río 2016: la confirmación y el doblete
Cuatro años después, en los Juegos de Río de Janeiro 2016, Vlasov afrontó el reto más difícil de su carrera: defender el título olímpico ante rivales que habían analizado su estilo durante cuatro años. La categoría había cambiado ligeramente en denominación (de 74 a 75 kg), pero los adversarios eran los mismos o incluso más preparados.
Vlasov ganó de nuevo. Su segundo oro olímpico lo situó en la historia del deporte como uno de los pocos dobletes olímpicos de la historia reciente de la lucha grecorromana en categorías medias, una lista dominada históricamente por los luchadores soviéticos y que Vlasov engrosó en el siglo XXI. La continuidad de la tradición rusa en el deporte, en el contexto de los Juegos de Río, donde Rusia afrontaba importantes controversias relacionadas con el dopaje, añadió un relieve político adicional a la victoria del luchador de Novosibirsk.