Imagina que el béisbol, el baloncesto o el atletismo fueran excluidos de los Juegos Olímpicos. Algo parecido —aunque más sorprendente aún— estuvo a punto de pasarle a la lucha olímpica en 2013. El deporte más antiguo de los Juegos, presente en la Antigüedad clásica y en el programa olímpico moderno sin interrupción desde 1896, se encontró de repente al borde de la expulsión.
El día que sacudió al mundo de la lucha
El 12 de febrero de 2013, el Comité Ejecutivo del COI celebró una reunión en Lausana, Suiza, en la que debía decidir qué deporte del programa central de los Juegos de 2020 quedaría excluido para dejar una plaza libre para un nuevo deporte. La lógica del COI era modernizar el programa olímpico periódicamente, incorporando deportes con mayor atractivo para audiencias jóvenes.
La decisión que tomaron ese día nadie la esperaba: la lucha. El deporte que había estado en los Juegos Olímpicos de la Antigüedad desde el siglo VIII antes de Cristo, que formaba parte del programa olímpico moderno desde 1896, y que era practicado por millones de personas en todo el mundo.
Las razones del COI
Los argumentos que trascendieron de la decisión fueron principalmente comerciales:
La lucha tenía audiencias televisivas bajas en los mercados donde el COI necesita ingresos publicitarios, especialmente Estados Unidos y Europa occidental. Un combate de lucha olímpica no genera los mismos ingresos de televisión que una prueba de atletismo o natación.
El reglamento complejo se percibía como una barrera para el espectador casual. Un fanático del deporte que nunca ha visto lucha tiene dificultades para entender el sistema de puntuación, la pasividad, el challenge, la diferencia entre los estilos.
La imagen política de la federación internacional también influyó: en ese período la FILA (hoy UWW) tenía problemas de gobernanza interna que no ayudaban a su causa ante el COI.
La reacción: un tsunami de protesta
La respuesta de la comunidad luchística fue inmediata y masiva. En países como Irán, Rusia, Turquía, Azerbaiyán y Georgia —donde la lucha es deporte nacional de primer orden—, la noticia fue recibida con consternación y furia. Políticos, luchadores legendarios, campeones olímpicos y aficionados se movilizaron.
Se organizaron competiciones de exhibición especiales. Los campeones olímpicos dieron entrevistas en medios de todo el mundo. Las federaciones nacionales presionaron a sus delegados ante el COI. La FILA renovó urgentemente su liderazgo, eligiendo al serbio Nenad Lalovic como nuevo presidente con el mandato específico de recuperar la plaza olímpica.
Y las reglas cambiaron: la UWW introdujo reformas urgentes para hacer los combates más dinámicos, el marcador más visible y la experiencia del espectador más accesible.
Buenos Aires: la salvación
En septiembre de 2013, en la sesión del COI en Buenos Aires —la misma en que Tokio fue elegida como sede de los Juegos de 2020—, el COI votó sobre el deporte que recuperaría la plaza disponible. La lucha ganó frente al béisbol/sóftbol, el squash y los otros candidatos.
El resultado fue un alivio enorme para millones de luchadores, entrenadores y aficionados. Pero también fue una advertencia: en el olimpismo moderno, ningún deporte es intocable. La lucha olímpica tuvo que ganarse su continuidad en los Juegos con trabajo político, reformas internas y una campaña mediática sin precedentes. Esa experiencia cambió para siempre la forma en que la UWW piensa sobre su relación con el COI y con el público general.