Cuando hablamos de deportes antiguos, solemos pensar en los Juegos Olímpicos de la Antigua Grecia o en los gladiadores romanos. Pero la historia de la lucha como actividad competitiva humana es mucho más larga que eso. Es, probablemente, tan antigua como la humanidad misma.
Las pinturas que lo prueban
En la cueva de Lascaux, en la región de Dordoña (Francia), existen pinturas rupestres con más de 17.000 años de antigüedad que muestran figuras humanas en lo que los arqueólogos interpretan como posturas de combate cuerpo a cuerpo. Similar evidencia aparece en yacimientos del norte de África y del Próximo Oriente.
En Beni Hassan (Egipto), un complejo de tumbas del período del Imperio Medio (aproximadamente 2000 a.C.), los muros están cubiertos de bajorrelieves que muestran más de 400 figuras de luchadores en posiciones técnicas extremadamente detalladas. No son representaciones vagas de hombres peleando: son secuencias técnicas en las que se pueden reconocer derribos de pierna, llaves de cadera, exposiciones en el suelo. Son, en esencia, los mismos movimientos que verías en un campeonato del mundo moderno.
La lucha en los textos más antiguos
El Poema de Gilgamesh, el texto literario más antiguo conocido (aproximadamente 2100 a.C. en su versión más completa), incluye una escena de lucha entre el héroe Gilgamesh y el salvaje Enkidu. Es una lucha épica, simbólica, pero la descripción técnica de los movimientos es sorprendentemente concreta: el agarre, el desequilibrio, la caída. La lucha como metáfora del encuentro entre la civilización y la naturaleza.
En los textos védicos de la India, la lucha (malla yuddha) aparece como uno de los 64 artes que un hombre noble debía dominar. En China, el jiao di (lucha con cuernos de buey en la cabeza) aparece en documentos del período Zhou (1100-256 a.C.).
Un deporte que cruza todas las fronteras
Lo más fascinante de la historia de la lucha es que aparece de forma independiente en prácticamente todas las culturas conocidas, incluyendo aquellas que nunca tuvieron contacto entre sí. Los nativos americanos tenían sus propias formas de lucha ceremonial. Los pueblos del África subsahariana desarrollaron estilos de lucha tradicional que siguen practicándose hoy. Los mongoles tienen el bokh, una lucha tradicional con rituales elaborados que precede cualquier gran celebración.
Esto sugiere que la lucha no es un invento cultural específico: es una expresión de un impulso humano universal, la necesidad de medir la fuerza, la habilidad y el valor en un enfrentamiento controlado donde ninguno de los dos participantes resulta gravemente dañado.
La continuidad histórica
La lucha olímpica moderna es el heredero directo de una tradición que se remonta a los albores de la civilización. Cuando un luchador iraní o japonés ejecuta un derribo de cadera en una final olímpica, está realizando un movimiento que sus ancestros de hace tres mil años también conocían. Pocos deportes pueden afirmar esa continuidad.