Desde su debut en Innsbruck 1964, el luge ha disputado medallas olímpicas de forma ininterrumpida en cada edición de los Juegos de Invierno. El palmarés acumulado en seis décadas cuenta la historia de un deporte dominado por unos pocos países centroeuropeos, con momentos de brillantez individual que trascienden las banderas nacionales y forman el corazón del imaginario del luge olímpico.
El medallero histórico está encabezado de forma aplastante por Alemania. La RDA fue la primera potencia dominante en los años 60, 70 y 80, cosechando oros en casi todas las categorías edición tras edición. Tras la reunificación, el equipo alemán unificado mantuvo el dominio sin solución de continuidad, produciendo campeones en cada generación: desde Jens Müller y Georg Hackl en los años 80 y 90, pasando por Armin Zöggeler (que aunque italiano fue el único competidor sistemático del dominio alemán), hasta Felix Loch y Natalie Geisenberger en las dos últimas décadas. Austria se ha mantenido como segunda potencia histórica, con resultados sólidos en individual y dobles. Italia, gracias en gran parte al legado de Zöggeler, ocupa una posición de honor en el palmarés, mientras que Letonia, Rusia y Estados Unidos han aportado campeones ocasionales.
Los momentos más recordados del luge olímpico incluyen las tres victorias consecutivas de Georg Hackl (1992-2002), que estableció un récord de consistencia histórica; la extraordinaria carrera de Armin Zöggeler, que ganó medallas en seis Juegos Olímpicos entre 1994 y 2014; la primera medalla de oro de Felix Loch en Vancouver 2010 a los 20 años; y el debut del relevo por equipos en Sochi 2014, que añadió una nueva dimensión colectiva a un deporte históricamente individual. Cada edición olímpica ha aportado nuevos nombres al palmarés, pero el hilo conductor de la dominación alemana sigue siendo el elemento más definitorio de la historia olímpica del luge.